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 La Pantera y la Demonio

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Mishoi

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Mensajes : 8
Fecha de inscripción : 16/05/2016

MensajeTema: La Pantera y la Demonio   Mar Mayo 17, 2016 3:13 am

Capitulo Uno: Las semillas

Arrinconado entre el Gran Mar y los frondosos Bosques milenarios de Kalimdor, se encontraba el pequeño poblado de la gran civilización Kaldorei, Auberdine, una humilde tierra de elfos que se dedicaban a la caza y la pesca, con hogares modestos y un ambiente grato para la vida familiar.
Éste trozo aislado de civilización élfica era hogar de una pequeña familia compuesta por Tichis y Melyna Troncoseco, recolector y cazadora respectivamente, tenian 2 hijas, Mishoi y Ma'nar, ambas eran prácticamente iguales, tenian el mismo color de pelo, los mismo ojos, el mismo tono de piel, nada hacia pensar que se llevaban por unos años de diferencia. Sin embargo la menor Mishoi, era la "beneficiada" de la familia, todos se alegraban con los pequeños triunfos de la criatura y dejaban de lado a la hermana mayor Ma'nar, quien nada entendía de lo que pasaba.

- Hermana, mira los dibujos que hice! - Dijo entusiasmada la pequeña Ma'nar.
- Deja a Mishoi en paz, no la desconcentres ... - Respondió su padre perdido en su pequeña hija, la cuál tenía una cercanía especial con la naturaleza.

Escenas como esa eran pan de cada día en la familia de los Troncoseco, un pan que fué digerido por Ma'nar de la peor forma, se sentía apartada, excluida y gran odio comenzó a formarse dentro de su pequeño cuerpo; en cambio con su hermana era totalmente distinta, siempre trataba de cuidarla y ayudarla, un gran cariño la unía a Mishoi, lástima que no era correspondido por su hermana, quien se impregnó de la misma forma de pensar que sus padres, miraba a su hermana Ma'nar con desprecio.

Un día cuando Melyna estaba en el jardín, Mishoi se le acercó y se arrodilló a su lado a ver cómo florecían las Hojaplatas del jardín, la pequeña parecía disfrutar del contacto de la naturaleza con su piel, le fascinaba ver cómo crecían y convivían con ellos.

- Madre, nota como cantan las plantas, escucha el suspiro del viento recorrer los grandes bosques de Azshara, es hermoso. - dijo Mishoi tomando entre sus manos unos pétalos.
- No puedo hacerlo, hija mía, estoy segura de que tu tienes un don otorgado por la propia Diosa, hemos sido bendecidos con tu capacidad de escuchar a la naturaleza - Respondió Melyna, muy emocionada.
La conversación madre e hija seguía fluyendo de una manera prácticamente ideal, hasta que Ma'nar se les acercó algo tímida.
- Yo... yo no puedo oir a las plantas - Dijo algo triste
- Es obvio, tu no eres como tu hermana, ella puede ver más allá de la vida.
- Pe-pero ... puedo ver una especie de humo saliendo de sus cuerpos, Madre.
- No mientas, Ma'nar, sólo lo dices por envidia- añadió su hermana.

Las dos hermanas habían nacido con unos dones muy especiales, Mishoi tenía una conexión especial con la naturaleza, cosa que no era muy común en la comunidad Kaldorei, pero lo que era raro, es lo que veía Ma'nar, ése extraño "humo" es nada más ni nada menos aquello que da vida a todos los seres vivos, el alma, la esencia de todo, el maná.

- No le prestes atención a tu hermana, Mishoi, mira estas semillas, nosotros somos como ellas, iguales, una en millones, pero lo que realmente importa está dentro, éso es lo que nos hace diferenciarnos de los demás - dijo Melyna mientras plantaba una semilla - está en ti elegir si esa semilla crece grande y firme como los árboles o crecer débil, desviado y endeble, como los bosques corruptos - añadió mirando a Ma'nar, quien estaba arrodillada a lo lejos con la mirada perdida en la tierra.

Al oir las palabras de su madre, Mishoi salió corriendo y reindo por el patio, detrás salió Melyna igual de feliz; por otro lado cuando ambas se alejaron, Ma'nar se paró y caminó lentamente a donde su madre había plantado las semillas, miró los monticulos de tierra y metió la mano donde Melyna plantó la semilla que la representaba a ella, la sacó y aprentó fuertemente.

- Yo seré un arbol grande, firme y fuerte ... pero nunca conviviré en un bosque con ustedes, quizas contigo sí hermanita, pero no existen bosques de 2 árboles ... -

Acto seguido, Ma'nar abrió la mano y cayeron sólo cenizas, sin darse cuenta había absorbido la esencia de la semilla y la impregnó en su propio cuerpo, sintiendo una pequeña satisfacción, dando inicio a su sed de poder, a su sed de venganza, a su sed de ser alguien más.
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Mishoi

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Fecha de inscripción : 16/05/2016

MensajeTema: Re: La Pantera y la Demonio   Vie Mayo 27, 2016 10:54 pm

Capitulo 2: Caminos

Años pasaron desde aquel episodio en el jardín de los Troncoseco, ahora las hermanas ya estaban tenian una edad madura para iniciar su propio camino, todo había mejorado, Mishoi demostró una unión especial con los felinos que rondaban Auberdine y tenía una amistad especial con un cazador del pueblo, por otro lado Ma'nar aprendió a valerse por si misma e investigó un poco más su poder oculto.

La único que no cambió en la familia, fué el despreció a la hermana mayor, de hecho aumentó, ya prácticamente no era parte de ella y era victima de constantes rechazos no sólo de sus cercanos, sino de toda la comunidad de Auberdine.

Cierto día, Tichis, el hombre de la casa, llegó emocionado y agitado a la casa queriendo urgentemente hablar con su hija, Mishoi.
- Hija mía! - jadeó - Es momento, me acompañarás a Suramar, llevaremos un pedido de Hojaplatas para un tal Malfurion Tempestira.
- Si! - celebró la hija menor - Padre, podré buscar algun tutor que me guíe con mi don.
- Ya lo tenemos, mi niña, oí que ese elfo, aparte de provenir de una familia importante, tiene al parecer el mismo regalo de Elune que tú! Rogaremos que te acepte como su aprendiz.
- No lo puedo creer! - Mishoi abrazó a su Padre.
Del otro lado de la sala, Ma'nar miraba sentada la escena y pensó - Es mi oportunidad para largarme de esta mugre ...

Ese mismo día, Ma'nar ayudaba a su padre a cargar los paquetes de Hojaplata en un Sable de noche que los acompañaría y les serviría como transporte.
- Ma'nar, tu vendrás con nosotros, así después no me vengo preocupado del Sable.
- Si, Padre - Asintió Ma'nar y luego añadió en voz baja - Te vendrás más sólo de lo que yo llegué a éste mundo.
Al mismo tiempo, Mishoi se despedía con lágrimas en los ojos de su madre, quien se encontraba igual e incluso peor que su hija menor.
- Te extrañaré, mi luz de luna. - Dijo entre sollozos la Melyna.
- Te prometo que volveré , madre - Respondió Mishoi, caminando hacia el sable.
A los minutos, ya se internaban los 3 elfos acompañados del Sable y los paquetes de Hojaplata, Mishoi iba sobre la bestia, junto con las Hojaplata, a su lado caminaba su padre y la que tiraba de la bestia era su hermana mayor, Ma'nar.

Varios días pasaron de viaje, en los cuales Tichis y Mishoi intercambiaron diálogos prácticamente sin parar y Ma'nar pasaba casi como un Fuego Fatuo.
Eso fué así hasta que entraron a la gran ciudad Suramar, la capital de la civilización élfica, todo era muy distinto, las construcciones eran enormes y blancas como la misma luna, pasaron por Templos, Centros de comercio, enormes casas y por un enorme palacio, el cuál estaba custodiado por muchas Elfas centinelas.
No tardaron mucho en ubicar al que había pedido las Hojaplata, Malfurion.
Realizada la entrega, Tichis y Mishoi comenzaron a hablar con el elfo de cabello verdoso y le explicaron el porque de la presencia de la hija menor en la entrega.
En paralelo otro elfo salió de la casa de Malfurion, éste elfo le llamo particularmente la atención a Ma'nar, el aura que lo rodeaba y sólo la elfa podía ver, era demasiado fuerte, mucho más fuerte de la que irradiaba Malfurion.
Ma'nar miró a su padre y a su hermana hablando de forma muy animada, esa era su oportunidad y no la desaprovechó, siguió al Elfo de cabello negro.

- Mil gracias, gran Malfurion, por aceptar a mi hija, la verdad siempre supimos que ella tenía un don especial - Decía Tichis haciendo reverencias.
- No tienes porqué hacerlo, Yo igual veo un gran potencial en su hija menor ... al igual que - desvió la mirada buscando a la otra hermana. - su otra hija ... donde está?.
Tichis buscó con la mirada y disimulando su enojo dijo - No es nada, siempre le gusta salir sola, será mejor que la vaya a buscar.
Padre e hija se despidieron, Mishoi se quedaba en buenas manos y Tichis se iba tranquilo, sin ni siquiera buscar a su otra hija.

Al mismo tiempo, en el centro agitado de Suramar, Ma'nar seguía al misterioso elfo hasta un pequeño pozo, donde se encontraban otros elfos, algo pálidos, los cuales hacían unos extraños movimientos con sus manos que generaban luces y destellos.
Sin darse cuenta, Ma'nar se acercó tanto que el elfo misterioso la notó y fué a su encuentro.
- Qué haces aquí, niña? - dijo.
- Eh? ... Na-nada, sólo que veía como jugaban con el agua y ... la verdad es que no me di cuenta que estaba acercádome ... disculpeme - Dijo temerosa la elfa.
- Ya veo ... - El elfo la analizó lentamente y luego añadió - Veo que tu también lo sientes, ven acercate, te enseñaré sobre la Magia.
- Ma-magia?.
- Si, la magia, sólo algunos tenemos la habilidad de manejarla correctamente, nosotros te enseñaremos ya que somos muy pocos.
Ma'nar no supo como reaccionar cuando todos la quedaron viendo.
- Mi nombre es Illidan Tempestira - dijo el elfo.
- Ma'nar Troncoseco ... - añadió notando el color de ojos del elfo, eran color ambar y Ma'nar recordó lo que decían de esos ojos, significan grandeza y poder.

Así fué como las hermanas comenzaron a forjar su futuro, Mishoi, inciando sus caminos en el arte del druidismo y Ma'nar entrando en las peligrosas tierras de la Magia Arcana. Ambas no sabían que había sucedido con la otra, sólo estaba concientes de que lo que estaban haciendo, era realmente para lo que nacieron, para lo que vinieron al mundo, para ser ... enemigas.
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