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 El Calmatempestades

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Rakzasha

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MensajeTema: El Calmatempestades   Mar Jun 14, 2016 9:03 pm

Rak Puño de la Tormenta
<El Calmatempestades>

En la exuberante Pandaria, más allá del Valle de los Emperadores, más allá de las aldeas acuáticas de los jinyu, más allá de el Templo de Xuen, casí al borde del mapa conocido por los Pandaren existía una pequeña isla habitada sólo por tres pandas.
La historia del «cómo» y el «por qué» llegaron esos Pandaren ahí, tan alejados de la sociedad y de la buena cerveza, será una historia para otra ocasión, ya que esta es la historia de Rak Puño de la Tormenta, y de como inició su viaje por el chamanismo y por Azeroth.


1.
Un pequeño Pandaren corría de aquí para allá, jugando con una larga rama de bambú simulando un bastón, persiguiendo a un pequeño y veloz Espíritu de fuego Pandaren que chisporroteaba de alegría por el juego.
Un poco apartados, una joven pareja de pandaren observaba al pequeño. La mujer, con una exclamación de sorpresa, llevo su mano a su pronunciado vientre y con una sonrisa tomo la mano de su esposo para que sintiera el vigoroso bebe que tendrían.
En ese preciso instante, el niño pandaren tropezó y se golpeó el rostro en el suelo, la rama de bambú rodando a un lado, y el chiquillo se incorporó asustado sólo para estallar en llanto.
Con presteza el padre se acercó y abrazando a su pequeño con una sola de sus manazas, le empezó a acariciar la cabeza, tranquilizando al pequeño.
— Ya, no llores Rak —arrullaba el gran pandaren al tiempo que con su otra mano le quitaba la tierra al chico de su ropa.— Ten más cuidado hijo.
Y el pequeño, una vez superado el susto, asintió. Con renovadas energías salió en busca de su flamante amigo, pero el padre se quedo ahí hincado un instante más, con el vello aún erizado por la estática cargada en el ambiente.

2.

En las montañas de Cima Kun-Lai siempre un viento helado azotaba sus afilados picos, y cerca de uno de ellos se encontraba una pequeña cueva donde dentro se encontraba un pandaren, un manantial y un espíritu de fuego.
El panda, en profunda meditación, escuchaba el silbar del viento, sentía la resonancia de la piedra, reconocía el sonido de un goteo solitario pero continuo que caía en el manantial y olía la cálida escencia de su acompañante, y en ese estado de armonía con su entorno, de conjunción entre espíritu, cuerpo, mente y elemento, el pandaren se levantó. Observando la entrada de la cueva levantó su zarpa y detuvo los vientos, que dóciles acataron su mandato.

3.

—¡Me niego a permanecer ni un minuto más en esta isla!— furibundo, un joven pandaren se levantó volcando su silla y golpeó la mesa con su puño cerrado, haciendo que del tarro de su padre se derramara un poco de dulce cerveza.
—Hijo, controla tu temperamento — pidió la madre, conciliadora.— Muchas veces te hemos dicho tu padre y yo que tu ira solo te traerá problemas.
—¡No me importan los Sha! — el joven camino de un lado a otro recorriendo la pequeña estancia, pero su padre, hasta entonces apacible, se levantó de golpe y rugió: — ¡Pues deberían importante!
Amedrentado por el súbito estallido de su progenitor, el joven pandaren se dejo caer en una de las sillas, mirando a su padre quien continuó:
— ¡Los Sha no son algo para tomarse a juego! ¡Muchos pandaren pelearon contra ellos y perecieron, son criaturas abominables creadas por un mal inmemorial, y tú te crees desdichado solo por estar en esta isla!
Y en el exterior, la tormenta amaino.

4.

Al este del Bosque de Jade, un grupo de pandaren se encontraba luchando contra una corriente constante de manifestaciones del Sha. Entre ellos se encontraba un chamán, que manipulando viento, tierra y fuego destrozaba a las manifestaciones.
Rak, en medio del fragor de la batalla, observo algo que en principio le desconcertó. Un rayo amarillo volaba de un lado a otro, golpeando con su diminuto cuerpo a los Sha y escupiendo un ligero torrente de fuego a sus enemigos de vez en cuando.
En uno de los bruscos giros del pequeño dragón, no alcanzó a esquivar el golpe de uno de los Sha, golpe que lo mando directo al suelo. Aturdido, una sombra se cernió sobre la pequeña criatura, el hedor del Sha inundo sus fosas nasales y el pequeño se alzó un poco, dispuesto a presentar lucha hasta el final. Pero un torrente de magma salió disparado y destruyo al Sha, la cría de dragón giro, observo al chamán que acababa de salvarle, y Rak le sonrió.

5.

En la zona septentrional de Nagrand se alzaban cuatro pilares en un abierto semicírculo, y frente a ellos, en una amplia losa de piedra se encontraba un chamán.
— ¿Ya has terminado, pandaren? — pregunto la gran furia de viento.
— Aún no, Kalandrios, y con tus constantes interrupciones nunca acabare.
El silencio volvió a reinar en el trono, mientras las furias y los elementales observaban ansiosos al chaman.
Frente a Rak se encontraba un núcleo mutado, un impura combinación de tierra y fuego.
Incineratus miro al espíritu de Gordawg, y después fijó su atención en el chaman quien, después de una profunda inhalación, adelantó sus zarpas tomando el orbe entre sus manos y empezó a tirar de el en dos direcciones contrarias.
Humo ascendió del núcleo elemental, que se empezó a cuartear.
Con una súbita liberación de energía, Rak se vio impulsado hacia atrás, ceniza y polvo obstaculizaron la visión de los presentes así que cuando el aire se aclaró, vieron al chamán que tenia en una mano un núcleo de fuego y en la otra uno de tierra.

6.

Un gran barco de la alianza esperaba a que los últimos pandaren subieran a bordo.
Rak se encontraba en el puerto, arrodillado frente a su querido amigo.
— Es mejor que te quedes aquí, en Pandaria — el elemental ardió con más fuerza.— No, ya hemos hablado de esto. A dónde voy habrá una batalla, será algo muy peligroso.
La conversación continuó un rato más, faltaban pocos hombres de subir en el barco.
— Anda, ve con Zul — el chaman palmeo la cabeza del pequeño elemental y se incorporó, hablándole al otro pandaren que se encontraba a unos pasos de ellos:— Cuidalo, y no lo dejes quemar nada. Hasta pronto, Zul.
El chamán subió al barco, que al grito del capitán de: "¡Rumbo a Orgrimmar!" partió del puerto. Aunque sin saberlo llevaban un polizonte; un pequeño elemental de fuego pandaren.

7.

Todos habían evacuado, pero en la playa quedaba un Pandaren observando la tormenta. Huracanes y remolinos avanzaban lenta e inexorablemente hacia el pueblo, sin embargo Rak esperaba impertérrito.
—¿Qué haces aún aquí? — un joven pandaren había llegado, agotado por la carrera.
—Deberías haberte ido con el resto de la gente del pueblo, Zul.— respondió a su vez Rak.
—Ven conmigo... — el mar se retiro, siendo jalado por la fuerza de la tormenta. El joven pandaren se estremeció.— Escuchaste a los ancianos, no hay nada que hacer...
Rak guardo silencio, y observo el avance de la tormenta. Zul, nervioso, retrocedió unos pasos, el viento azotaba con fuerza la playa, el mar se retiraba cada vez más, subiendo en forma de remolinos al rededor del huracán.
Entonces, el chaman retrocedió unos pasos, levantó su puño y el viento al rededor de ambos pandaren se volvió estático. Chispas empezaron a nacer en el puño del pandaren. Y Rak corrió. Adentrandose unos cuantos metros en la arena aún húmeda, pisando conchas y corales el chamán lanzo su puño hacia delante, y en el centro del huracán se abrió un gran agujero. Los vientos se detuvieron, contrariados al no tener ya un núcleo, y se empezaron a dispersar; el agua cayo de regreso al mar. Se formaron altas olas que se aproximaban a la playa, olas más altas que un pandaren y que chocaron contra Rak.
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