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 Nessarian Bosqueoscuro

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Amneler
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MensajeTema: Nessarian Bosqueoscuro   Mar Jun 14, 2016 11:21 pm

Errante


Algunos dicen, que dentro del calor de la batalla todo se mueve más lento, que cada movimiento fatal puede repetirse una y mil veces a través de un minuto de forma detallada y tortuosa, marcando al expectador de tal escena para siempre, puesto que muertes así son imposibles de borrar.

El elfo pareció entender tal paradoja en ese mismo instante, sus temblorosas piernas incapaces de mantener el peso de su cuerpo, sus delgados brazos cubiertos de la misma clase de fluidos que terminaban con el animal que observaba, su cabeza revoloteaba incrédula, sin siquiera darse cuenta que se encontraba parado en medio de la guerra que se liberaba a su alrededor, ignorándola por completo; En ese entonces solo importaba lo que sus audaces ojos alcanzaron a captar, y como su mente repetía la escena una y otra vez.

Un oso de pelaje blanco, yacía cubierto en una mezcla de barro y fluidos viles, de su espalda destacaban grandes arañazos, la sangre inundando su lomo, mientras el moribundo animal trataba de levantarse una vez más con tal de dar pelea al oscuro ser que tenía en frente suyo, sólo para fracasar de nuevo, cayendo a la húmeda tierra.
Por primera vez en muchos años sus ojos hicieron contacto, melancolía pura nacía de ellos.

Entonces lo supo, y sin decir nada más cargó a paso rápido, las livianas espadas cargadas con furia, su mirada plateada fija en el señor vil, el mismo que azotó hasta la muerte al oso de color blanquecino... Al druida.
A su padre.

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"Nos estamos haciendo viejos" aseguró Nessarian, mientras galopaba lentamente hacia las afueras de la capital del reino humano. Thenadrel, una intimidante sable nocturna jadeaba a duras penas, tratando de complacer a su amo en las últimas instrucciones dadas.

Se dirigían a Elwynn, el frondoso bosque que rodeaba Ventormenta en su gloriosa majestad, cabe destacar, que para Nessarian no era más que otro bosque común y corriente, uno más de los miles que había visto en su vida; Sin embargo, sabía que en el espacio céntrico del aclamado lugar encontraría una taberna, quizá demasiado ruidosa para su gusto, pero eso no importaba; en ese entonces daría lo que fuese por un trago de vino y una buena cama, de preferencia junto a alguien con quién compartirla.

Nessarian rió, claro, siempre tenía una que otra acompañante; hasta ahora sólo le había sido fiel a una, su amada Thenadrel.

De repente el ambiente no parecía tan alegre cómo de costumbre. Fue entonces que el elfo se estiró contra el lomo de su montura, acariciando su suave pelaje mientras oía sus rítmicos latidos cardiacos, lanzó un largo suspiro.

De una forma u otra se sentía horrible-terriblemente solo.

Sacudió la cabeza, se había prometido a si mismo no victimizarse por situaciones vanales, pero le parecía imposible de tiempo en tiempo. Sabía que la herida no cicatrizaría jamás, y eso le apenaba desconsoladamente.

Pero no la suficiente como para demostrarlo

Un gruñido en seco de su montura lo hizo reaccionar, volviendo su perdida mente al frio mundo en el que se encontraba; Llevó una mano a las largas orejas de Thenadrel, acariciándolas mientras suspiraba, a veces pensaba que el animal tenía tal contacto con él que sabía cuando los pensamientos oscuros revoloteaban por su mente, suspiró. Sin decir nada más decidió bajar del sable nocturno, desmontandola con facilidad;  tomó las pertenencias que reposaban en la parte trasera del sillín del animal y cargándolas en su hombro avanzó aliviado, sabiendo que su peso ya no agobiaría a la única acompañante que le quedaba.

Villadorada no quedaba tan lejos.

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La sangre le hervía, podía sentir ese molesto cosquilleo de ansiedad en cada una de sus articulaciones, gritó palabras de alivio, pero no parecían ayudarle. Había clavado ambas espadas en el pecho del demonio con una facilidad propia de un momento de furia, el fluído vil de la bestia manchando su armadura mientras el ser infernal se doblegaba frente a la muerte... O quizás la inconsciencia.

El demonio cayó, y junto a él Nessarian, clavando con la misma furia sus espadas ya contaminadas con la muerte y la guerra.

Entonces la paradoja parecía contradecirse a sí misma, puesto que ahora parecía avanzar todo más rápido, la caída de la bestia, el desplome de él mismo junto a ella, el agudo chirrido que revolotaba de sus oidos frente al golpe, todo, todo pasaba extremadamente rápido.

Logró ponerse de pie, avanzando con dificiltad y totalmente mareado hacia el druida que batallaba contra la muerte una vez más, ésta vez una batalla interna mucho más imposible; Nessarian cayó frente al cuerpo inmovil del oso, palabras de confort saliendo de su boca, pero nada parecía funcionar. Llevó una mano al cuello del druida, forzándolo a moverse.

Nada.

Pudo sentir como sus lagrimales ardían, como cada músculo de su cuerpo se contraía junto a la exasperación de caer en llanto; Supo entonces que no le importaba morir, que de hecho preferiría hacerlo. Lanzó un largo suspiro mientras llevaba sus manos a su rostro, rindiéndose ante una guerra que no supo controlar, una guerra en donde nunca debió estar.

Mientras observaba como las oleadas del ejercito vil destrozaban el lugar, dirigiéndose paso a paso a Nordrassil.
No podía hacer nada, no quería hacer nada.

Entonces un fuerte contrapeso atacó su garganta, tirándolo con fuerza al suelo. Notó que era un arco lo que lo forcejeaba, pasando sus débiles manos por el detalle de madera del mismo. Supo quién era.

Y luego todo se fue a negro.

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Se sentía sucio, sacudió sus engarrotados hombros con tal de aliviar tal presión. Luego de unos minutos y de realizar que el sentimiento no desaparecería con facilidad lanzó un profundo gruñido.

Había dejado a Thenadrel junto a un maestro de establos, debía admitir que sin ella se sentía solo.

Entró a paso lento a la taberna de Villadorada, y para su sorpresa, por primera vez de hace años, el lugar se encontraba prácticamente vacío; Si no fuera por un par de soldados totalmente ebrios y uno que otro dudoso sonido proveniente de los cuartos del piso superior, Nessarian se habría visto sólo, claro, sin obviar la presencia del Posadero; aquél moreno hombre que le clavaba la mirada mientras servía cerveza en un jarrón.

Fuera de sentirse sucio, se sentía importante, y eso le agradaba más que cualquier otra cosa.

El elfo tomó asiento en la mesa más cercana a la barra, estirando sus largas piernas en la pequeña mesa central, clavando su mirada en el cantinero mientras le ofrecía una sonrisa cómplice; el humano se acercó.

"No te había visto desde tu partida a Páramos del Poniente," El hombre tomó asiento frente a él, ofreciéndole la jarra burbujeante.

Nessarian asintió, tomando del licor un tanto desesperado, ignorando la obvia aclaración de su acompañante.

"También sé porque volviste," Dijo el hombre, bajando su mirada. El elfo se atragantó con su bebida, derramando un poco en el suelo, "Jamás debiste haber aceptado esa misión Nessarian, menos cuando sabes que no puedes controlar tu temperamento," El tabernero carraspeó.

"Yo sólo hacia lo mío," murmuró el elfo, "El tipo se cruzó y ya, lo herí... No es la gran cosa."

"Falleció..." El silencio pareció inundar la habitación, "Heriste a un guardia real de Ventormenta, y lo dejaste a la deriva. Falleció por esos extraños venenos que usas." El hombre suspiró, buscando entre sus pertenencias un pequeño pedazo de papel, entregándoselo al elfo, "Por órdenes del comandante Lewis el IV:7 te busca..."

Nessarian se hundió en su silla, tomando la carta con manos temblorosas, de repente todo parecía hacerse más complicado, como si el mundo conspirase contra él.

"Puedes pasar la noche en el subterráneo por algo de oro extra," Dijo el moreno, poniéndose de pie de mala gana.

Nessarian sólo atinó a mirarlo fijamente.

"¡Oh! Casi lo olvido. Una tal elfa, Hojalunar creo te busca, dice querer ayudarte," El hombre le sonríe, "Quizás no todo esté perdido."

Pero se equivocaba, Nessarian sabía que sin duda, todo estaba perdido.

Tocó su cuello, recordando fatídicos días.

Los que siempre tenía en mente.
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Amneler
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MensajeTema: Re: Nessarian Bosqueoscuro   Mar Sep 06, 2016 7:58 am

Encuentro.

Gotas de sudor recorrían su desnudo torso, la respiración parecía entrecortarse con cada segundo que avanzaba con horrible lentitud, movía su rostro frenéticamente, el dolor se apoderaba de su aposento cuerpo. El torso le ardía de sobremanera, intentó llevar su mano hacia lo que presentía, debía ser la herida más profunda que había recibido en su corta vida; Acercó dos dedos inconscientemente, el miedo carcomía lo que él creía, era su inquebrantable espíritu; Una vez palpó la mucosa que rodeaba su herida abrió los ojos confundido al notar como sus dedos ardían con un calor inexplicable.

Despertó de golpe y totalmente acelerado, podía sentir el corazón en su boca, cada latido resonando en su garganta y dejándolo sin aliento, los sonidos que hacía debían ser monstruosos, pensó, como el de un animal ahogándose hasta la muerte. Sus orbes de visión parecían percibir todo borroso, sus oídos creían escuchar su propio nombre repetidas veces, llamándolo al tentador final que sabía algún día llegaría, pero no ahora, no tan pronto.

Sintió entonces como la vida volvía a su machacado cuerpo, un gemido de dolor puro escapó de sus labios, tal como lo hacían los bebés al venir al mundo, sintió como nacía de nuevo, y por primera vez en su vida, la idea de morir le pareció tentadora.

Un fuerte zamarreo lo sacó de su trance. De pronto pudo ver frente a sí una imponente figura masculina de bordes manchados, un hombre que lo sacudía desesperado y que, como suponía, no paraba de repetir su nombre.

"¡Nessarian! ¡Nessarian por Elune, reacciona!" Escuchó una ronca voz gritarle mientras proseguía con sacudirlo, por un momento pensó sería la voz de su padre, una profunda voz que repudiaba los actos que había cometido. Luego de unos segundos pudo recobrar sus sentidos y reconocer de quién se trataba; No era su padre, él no se habría dignado de tal preocupación, en su lugar se ponía de pie el mejor amigo de éste, recordaba a Naelan con cariño y en más de un momento, intentó apreciarlo más que a su familia.

Éste era uno de esos momentos.

"¿Instructor Naelan?" Balbuceó después de reiterados intentos para poder hablar puesto su garganta ardía con la furia de los ancestros, su cabeza le dolía de una forma impresionante, abría y cerraba los ojos con tal de comprobar que no se trataba de un sueño... De una pesadilla.

Naelan era un elfo de enorme tamaño y profunda mirada, su avanzada edad podía demostrarse en su sabiduría y en ciertas ocasiones su carácter;la barba larga enmarañada, la nariz recta y los ojos cálidos que reposaban bajo las bolsas de oscuro color que recalcaban su falta de descanso. Totalmente opuesto a como le veía ahora, su mirada se encontraba vacía de la calidez que solía repartir, las bolsas seguían ahí, pero a este punto Nessarian no sabía si se trataba de simple cansancio o moretones propios de una golpiza, su cuerpo cansado parecía no querer sanar frente a la inmensa cantidad de ungüentos y vendas que le cubrían, su expresión desesperada lo desconcertaba de sobremanera.

Miró a su alrededor, se encontraba en una tienda quizá montada hace no menos de unos días; A su lado relucían elfos y extrañas criaturas de menor tamaño en estados fatídicos, sangre roja y violeta manchaba cada parte del lugar, un putrefacto olor a muerte, cuerpos hinchados y pálidos, ojos en blanco observando la nada, puesto que ya no veían; Nessarian apartó la vista de golpe, observó a Naelan con la misma preocupación pero el druida guardó silencio y no se dignó a mirarlo a los ojos.

No entendía nada.

Y así cómo el desconcierto se apoderó de su ser, de igual forma  el dolor de cabeza se acrecentó; Nessarian gruñó, llevando una mano a su nuca para luego observarla...Una mancha de sangre seca decoraba su mano. Luego, todo volvió a él, sus padres, Nordrassil, La legión, la imborrable imagen de su hermana ahorcándolo hasta la inconsciencia. El asqueroso sabor de la muerte se apoderó de su estómago. Tocó su garganta y todos sus miedos se reafirmaron, magulladuras y una pequeña cicatriz que de no haber sido tratada a tiempo le habría costado la muerte, estaban ahí, recordándose de golpe su fracaso. Recordó marchar hacia la batalla con el pequeño pelotón que su hermana le había asignado, recordó verlos caer uno a uno frente seres grotescamente poderosos, recordó fallar...

Se abalanzó de golpe hacia el instructor con furia sobre humana, agarrándolo por su enmarañada toga, el druida de mayor edad lo observo calmo, aún en su denigrante estado, sus ojos dorados lo miraban con una ternura impropia del momento.

"¿¡Dónde están!? ¡Dime dónde están!"

El silencio del druida fue suficiente como para que Nessarian entendiese, y de paso, la justificación exacta para desatar su ira.

Ella le había robado su muerte.


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El elfo observó Linde del Bosque con una especie de remordimiento impropio de su persona. Llevaba acampando entre las pequeñas colinas que recorrían el joven bosque por no más de una semana y hasta ahora ningún guardia se había cruzado en su camino, era un cálculo fácil de todas formas, la mayoría de los guardias de Ventormenta obviaban la inmensidad de sus bosques, dejando las tareas sangrientas a inexpertos aventureros, ¿Subir una Colina con tal de dar con un Gnoll? No lo harían nunca.

Hasta ese punto no sabía si era astucia suya o simple ineptitud de los guardias.

Había dormido durante la mayoría del día y el atardecer lo había tomado por sorpresa, ahora observaba como colindaban las crecientes luces de Páramos del Poniente y Elwynn, a pesar que de éste muchas luces no habían exceptuando las carretas que se atrevían a cruzar el lugar, apresurados ante la noche que tocaba sus talones. El elfo rió irónicamente por su estupidez.

Un fuerte empujón lo sacó de sus pensamientos.

"No puedes aparecer así como así" Dijo sobando su espalda mientras observaba a Thenadrel, quién pensó que era buena idea sorprender a su amo con un ensangrentado cervatillo entre sus fauces y un fuerte empujón para llamar su atención, "Algún día me romperás la espalda, o algo peor," Replicó, mientras se acercaba a observar la presa que su acompañante había cazado.

Thenadrel era una sable nocturno inigualable ante sus ojos, su oscuro pelaje grisáceo contrastaba con el plateado del borde de su rostro y barriga, su gran tamaño haría que hasta el más astuto humano se arrepintiera de haberla encontrado, sus largos dientes brillaban en sangre seca. Un felino majestuoso y una compañera inigualable, Nessarian sonrío mientras acariciaba las orejas del animal.

Dejó de lado a su montura y se acercó con cautela al cervatillo muerto, espantando las moscas que ahora lo rodeaban, arrancó con ayuda de una de sus dagas el muslo del animal, manchando su camisa blanca de sangre inocente. Dejó el resto del cervino a su compañera, la cual se abalanzó ante las sobras que poca justicia le hacían a su enorme tamaño.

Pensó en prender una fogata para asar su comida, había comido carne cruda antiguamente, pero los refinados gustos que había adquirido con los años lo hicieron negarselo, sabía que prender fuego al anochecer no era una idea brillante, era estúpido y arriesgado.

Y Nessarian era conocido por ser estúpido y arriesgado.

Cuando la noche cayó el elfo ya reposaba frente al calor del fuego, cubriendo su cuerpo con pieles de osos mientras terminaba de cocinar su no tan merecida merienda. Observaba como la grasa goteaba de las carnes a medio cocer mientras su oído distraído alternaba entre el silencio del bosque y los suaves ronroneos del sable.

Ronroneos que en cuestión de segundos se convirtieron en severos gruñidos, junto a ellos logró oír un aleteo demasiado fuerte como para pertenecer a un animal del bosque; Se puso de pie de golpe, dejando caer las pieles y mostrando su totalidad manchada en sangre seca, ambas dagas en sus manos listas para asestar el golpe final.

Sorpresa fue la suya cuándo vio bajar un Hipogrifo típico de su raza y en él montado una elfa vestida de armaduras conocidas, aún más conocida cuando se sacó el yelmo que cubría sus vibrantes ojos, Thenadrel retrocedió frente la situación.

"¿Amneler?" Balbuceó Nessarian, su defensa bajando debido a la inesperada aparición.

"Sólo alguien cómo tú se daría la oportunidad de encender una fogata mientras es un prófugo" Le respondió en seco, el demonio de todas sus pesadillas, su hermana mayor lo observaba con desapruebo.

Como siempre lo había hecho.

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Cojeó con dificultad hacia las afueras de la tienda cuando nadie lo veía. Había sido patético, recordaba; Después de su ataque de histeria al realizar el fallecimiento de sus padres y un gran número de elfos mientras él seguía vivo, atorándose con sangre que su propia hermana le había regalado, la idea de estar vivo le apestó por todo el día. Sacerdotisas y el mismo Naelan lo habían obligado a guardar silencio, lo tiraron de vuelta a la camilla dónde por el resto de las semanas suplicaba por su muerte mientras jóvenes elfas cambiaban sus vendas.

Lo peor era que dolía, pero no podía gritar. Había perdido demasiado sangre y los músculos de su laringe no querían sanar con cada petición hecha por las Sacerdotisas, hablaba entrecortado y ronco, tosía por voluntad impropia.

Cuando la noche llegó y había recobrado la mitad de sus fuerzas, se puso de pie a duras penas, robó ropa limpia y se la puso con particular sigilo, tirándo la toga blanquecina manchada en sangre seca al suelo. Se sentía patético, y no paraba de hacerlo una vez descubrió caminar se le era igual de difícil.

Marchó hasta el bosque con cautela y una vez dentro cayó cual hoja de árbol en pleno otoño. Susurró su nombre en más de una ocasión mientras el cansancio volvía a ganarle y los arbustos a su alrededor sonaban con ajetreados pasos. Rezó para que fuese un sable nocturno que hugiese rastreado su hedor a sangre y venía a darle fin a su ahora, mísera vida.

No sería una muerte honorable, pero era mucho mejor que quejarse hasta el final en una camilla rodeado de extraños.

Alzó su vista con pesadez, listo para recibir el golpe final. En su lugar, no había figura felina ni fauces que ansiaran devorarlo, en su lugar se ponía de pie una delgada elfa con un pequeño farol entre sus manos, alumbrando su rostro lleno de desprecio.

Nessarian bufó ante su presencia, antes de cualquier falso acto de misericordia se puso de pie lo más rápido que pudo y observó a su hermana a no más de unos metros de distancia, la miraba y la miraba sin sentir nada. Había olvidado sentir en ese entonces. Amneler se acercó a paso lento y casi igual de adolorido que el suyo, pudo notar como el rostro de su hermana se encontraba arañado y algo moreteado, quiso sonreír; la elfa se quedó mirándolo unos segundos, lo revisó en busca de alguna herida abierta sin decir nada.

Se miraron a los ojos y antes de que Nessarian pudiese decir algo, recibió un brutal golpe en la mejilla que lo hizo caer de nuevo.

"¡Eres un imbécil! ¡¿En qué estabas pensando?!" La escuchó gritar, un grito fúrico impropio de ella que podría asustar a la bestia más cercana. Se puso de pie mientras observaba como las aves cercanas volaban despavoridas.

"No..." Volvió a toser y llevar su mano a la garganta, su ceño se frunció al recordar lo sucedido. "No quería morir ahí..."

"¡¿Y eso lo tuvieron que pagar nuestros padres?!" Se acercó a él y lo levantó con toda su fuerza, "¡Sólo tenías un trabajo Nessarian, cuidar de las tropas!

"Lo vi luchar ahí..." Dijo mientras sus ojos se humedecían y su garganta se volvía a cerrar, "Tenía que ayudarlo, yo-"

"¡Lo ayudaste y ahora murió!" Amneler lo soltó con fuerza, retrocedió," Quizá estaría vivo si no te hubieses metido. ¡Pero no! Siempre quisiste atención, no podías seguir ninguna instrucción con ese estúpido ego que tienes! Siempre me ridiculizaste, nos ridiculizaste -

Nessarian veía como su boca se movía, pero desde ese segundo no escuchaba nada de lo que decía, su mente se volvió un trance de emociones sin encontrar, enfermizos pensamientos y recuerdos que abundarían su mente hasta el día de su fallecimiento y lo sabía; Lo había intentado ayudar, habia intentado como siempre en su vida. No era lo suyo, no cumplía pero no porque quisiese, estaba enfermo llegó a pensar, era más estúpido de lo que le habian dicho.

Lloró mientras su hermana seguía ridiculizandolo bajo la luz de la luna.

"Debí haber muerto con ellos" Sollozó, tosía sin parar mientras su vida pasaba por sus ojos, "¿Por qué me sacaste de ahí y de esa forma? ¡Era mi deber morir a su lado! "Gritó mientras se alzaba con dolor.

"¿Y morir de esa forma tan... patética? Por Elune Nessarian, siquiera usabas un yelmo para protegerte."

"No esperé debería protegerme de mi hermana..."

Un silencio impropio del bosque los envolvió a ambos, y por un momento Nessarian temió lo peor.

"Tú no eres mi hermano." Dijo en seco y sin emoción alguna, Nessarian hundió su cabeza entre sus hombros mientras evitaba el contacto visual, "Dejaste de serlo cuando te adentraste en éste bosque tan oscuro que tu mismo creaste en tu defensa... No, nunca has sido mi hermano."

Lo recordaba hasta el día de hoy, lo había negado y después de su épicos discuros lo dejó a la deriva en el bosque mientras sollozaba y creía en todo lo dicho, se tocaba el cuello erráticamente, como si no estuviese ahí y no pudiese respirar, quería morir, era una idea tan tentadora y tan sencilla.

Al día siguiente caminó con dificultad hacia un puerto cercano, se escabulló entre los barcos de los ahora conocidos como "Humanos".

Y no volvió, nunca.


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No recordaba cuantos años habían pasado, pero ella seguía igual. La misma mirada severa e incorrecta ante cualquier acto que él hiciese; La misma voz falta de sentimientos hacia su persona. Los cabellos plateados recorrían su rostro de igual forma que los había ocupado su padre, se parecían demasiado, tanto que casi devolvió su comida al mirarla a través la fogata, supo entonces nunca podría hacerle algo, las semejanzas eran demasiadas. Él por su parte había heredado el cabello de su tío según su madre, en más de una ocasión cuando la vió sonreír pensó que su jovial atitud provenía de ella, era lo único bueno que había heredado.

Más de una vez pensó que era un bastardo; Y ante los ojos de su hermana si lo era.

Pero eran más parecidos de lo que creían.

"Has crecido" Rompió el hielo la elfa de mayor edad.

"Eso es mentira, estoy igual. Una cicatriz más o una menos" Dijo, aún concentrado en su comida, evitaba mirarla a toda costa.

"Ahora tienes barba"

"Para ocultar más cicatrices" Dijo, mientras inconscientemente llevaba una mano a su cuello.

Silencio, quizá lo más agradable que podían compartir.

"Tienes que partir conmigo, oí las noticias de que te buscan y sé donde ocultarte" Amneler musitó mientras observaba de reojo a Thenadrel, Nessarian notó que durante todo su reencuentro no se habían mirado a los ojos.

"¿Por qué?" Alzó una ceja mientras devoraba su comida, sabía que la hacía sentir incómoda, y en momentos como aquellos, conformare con la incomodidad del enemigo era más que suficiente.

"No dejaría que un grupo de humanos en armaduras brillantes mataran a mi hermano"

"Pensé que no tenías hermano" Dijo, escupiéndo el cuero del ciervo a la ardiente llamarada, observó conforme la mirada de Amneler.

"Pero eres mi hermano" Resopló. "Y vendrás conmigo a no ser quieras volver a ocultarte entre éstas colinas, sospechan tu ubicación."

"¿Soy tu hermano?" Amneler asintió mientras Nessarian reía totalmente confundido, casi maniáticamente.

Y aun así cuando aceptó y rió, se embriagó y durmió en el lomo de Thenadrel listo para seguirla el día siguiente, no podía de dejar de tocarse la cicatriz en su cuello, sólo que ya no había cicatriz.

Era una costumbre adquirida, al igual que reír frente a lo inevitable.
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Nessarian Bosqueoscuro
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