¡Bienvenidos a La Vanguardia del Ocaso! Centro de reunión de diversos personajes dentro de Azeroth. ¡Toma asiento, sírvete un trago y cuéntanos tu historia!
 
ÍndiceÍndice  CalendarioCalendario  FAQFAQ  BuscarBuscar  MiembrosMiembros  Grupos de UsuariosGrupos de Usuarios  RegistrarseRegistrarse  ConectarseConectarse  

Comparte | 
 

 La Trovadora.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
Rakzasha

avatar

Mensajes : 6
Fecha de inscripción : 14/06/2016
Edad : 19
Localización : En algún lugar buscando alcohol, putas y galletas. :)

MensajeTema: La Trovadora.   Vie Jun 17, 2016 12:55 am

Allegra Abraghel
<La Trovadora>

Acércate, no, no, más cerca. Así esta bien. Ya que estas aquí permíteme contarte una pequeña historia. Sí, Tabernero, ya se que van tres veces que la cuento; pero el chico aún no la ha escuchado. Calla y ten esta moneda de oro. ¿Que de dónde la saque? Pues claro que no la he robado, fue... un cobro de honorarios. Bueno, regresemos a lo que nos concierne.
¿Qué dijiste, disculpa? No te escucho, habla más fuerte, te aseguro que casi no muerdo. ¡Ah, sí! Bueno, por el momento para ti puedo ser La Trovadora, aunque sinceramente eso de andar cantando poesía pues como que no es para mi. ¡Pero sí tengo voz de mezzosoprano! Tabernero, sino vas a aportar nada a la conversación, creo que por allá alguien esta tratando de robarte. Sí, aquel campesino.
Vaya, por fin se fue... ¿Qué? Bueno, pero el tabernero no tiene porque enterarse que tome esta moneda de oro... Piensa que son mis honorarios por informarle del robo.
Bueno, ¿en qué estaba? ¿llegue a la parte de los dragones? ¿Dices que ni siquiera he empezado a contarla? Vaya, si que ha sido larga la noche. Esta bien, empezare:

Era una fría noche de marzo, el viento ululaba y las sombras danzaban, en especial una que recorría con presteza las callejuelas de Ventormenta. En su silueta se adivinaban las curvas femeninas, además de un bulto en su cintura que correspondía a sus dagas. La mujer se deslizó atraves de la suave hierba del Barrio de los Magos, y entro en una posada donde sólo se encontraba un hombre con una gran sonrisa en el rostro.
—Me alegro que llegue, Señora, mis amos se están impacientando —dijo el hombre. Y ella replico —: Por mi que ellos podrían seguir esperando, costo bastante ingresar esto a la ciudad.
Ignorando la cara de hastío de la mujer, el mesero con un ademan del brazo la invito a que entrara por una puerta al fondo de la taberna.
Ella, Allegra, se encaminó a la puerta y descendió por la escalera en espiral, contemplando un fulgor al fondo del largo pasillo entro en una estancia que en su centro tenia una hoguera. Al rededor de la hoguera se encontraban varios hombre, que con sus túnicas tapaban su rostro, salmodiando un encantamiento.
—Señora Allegra, llega justo a tiempo, acompáñeme por favor.— Un anciano se acercó a ella, haciendo gestos con la mano para que le siguiese. Apartandose de los brujos y con el olor de azufre aún en sus fosas nasales, la Señora del Hurto siguió al anciano mientras descendían más en las criptas. Cuando ya iban varios metros bajo tierr-
(Claro que existen esas criptas, tabernero, ¿por qué tienes que dudar de cada historia que cuento? Calla, viejo loco. ¿En qué iba? ¿varios metros bajo tierra? Ah, ya recuerdo, bueno continuemos:) y después de seguir una intrincada red de túneles Allegra y el anciano llegaron a una habitación con un símbolo arcano en el suelo, donde les esperaban dos figuras con túnicas.
—Por fin llega, Señora Allegra — comenzó la figura más alta pero fue interrumpido por la mujer —: Creo que si te estoy vendiendo caparazón molido de nerubiano, podemos dejar de lado las formalidades y llamarnos por nuestros nombres, ¿no crees?
—Como desees, aunque preferiría que vayamos al grano. Aquí tienes el pago por tus servicios — con un gesto de la cabeza, Alastair indico al mas joven que le entregará lo pactado a la picara: Un saco lleno de monedas de oro y un gran tomo encuadernado en cuero negro.— Aunque sinceramente no se para que quieres uno de esos tomos, ya deberías saber que lo que esta escrito ahí sobre el Imperio Negro es mentira.
—Lo que yo haga o deje de hacer no es tu problema, brujo, ya que yo puedo decir lo mismo sobre tu pedido de nerubianos molidos — sacando debajo de su capa un paquete, Abraghel le entrego al joven lo pedido.
Apartandose un poco, Alastair abrió el paquete y tomando un poco del polvo con su índice, se lo llevo a la boca y saboreo.
(Sí, es bastante asqueroso, pero no me interesa tu opinión, así que calla y déjame continuar:)
—Esta bien, puedes retírarte, si requerimos tus servicios de nuevo te lo hare saber.— con un gesto de la mano despidió a la picara, quien levantó una ceja y esbozo una sarcástica sonrisa al tiempo que hacían una inclinación extiendo una falda imaginaria.
Dando media vuelta la mujer se retiró por donde vino, siendo seguida de cerca por el anciano.
Una vez se hubo retirado, el brujo mayor abrió el paquete y tomando un puño del negro polvo de lo llevo a la boca, comiendo con avidez. Su discípulo lo observaba un poco apartado, y esbozó una sonrisa cuando el gran brujo se llevo las manos al cuello y volteba a verlo, arañando su garganta mientras sus ojos se empezaron a llenar de sangre. Dando unos pasos hacia atrás Alastair cayo de espaldas y espuma salio de su boca. Mientras el cuerpo del brujo aún seguía tibio, Abraghel salio de las sombras y se acercó al discípulo mientras cometaba:
— Bueno, felicidades por tu ascenso — con una sonrisa acepto el bolso lleno de oro, más grande que el anterior que le habían dado, y lo sopeso con una sola mano.– ¿no te parece que esta un poco liviana?
—Abusas de mi bondad, Señora — habló por primera vez el nuevo gran brujo —: y abusas de tu suerte.
—Insisto, si somos cómplices de asesinato, llámame por mi nombre.— añadió con franqueza la mujer al tiempo que aceptaba otra bolsa.


¿Qué? ¿Que dónde están los dragones? Bueno, ¿era esa la historia que querías escuchar? Lo hubieras dicho antes. De todas formas te he entretenido un rato, así que pásame una de esas monedas que tienes en el bolsillo cosido en el interior de tu capa. ¿Qué como lo se? Pues todos los jovencitos que salen a buscar aventura como tú tienen un bolsillo así. Sí, gracias. ¡Tabernero!, ya que sólo estas rascandote el trasero, ¿por qué no me pasas una copa del licor de sangrerregia que guardas en el gabinete de abajo? ¿Cuál es el problema de que lo grite, si aquí sólo estamos conscientes nosotros tres? Venga, que tengo la garganta seca. ¡Ah!, que bien sabe... ¿Cómo que es una moneda de oro? ¡Y me acusas a mi constantemente de ladrona! Ten tu moneda de oro, ¡y no vayas a cuestionar de donde la saque! Bueno, continuemos la historia:

Era un día fatídico, a pesar de que todo el pueblo de Lordaeron celebraba a voz en grito fuera, la sala del trono guardaba un silencio sepulcral. ¿Y cómo no guardar silencio cuando acabas de ver como un príncipe vuelve su espada contra su rey? Allegra permanecía detrás de una columna observando la escena, y antes de que el caballero de la muerte Arthas Menethil levantara su hojarruna para azotar con sus huestes la ciudad, ella ya se había deslizado atraves de un pasaje oculto en la roca. Con los gritos agónicos a su espalda, Allegra salio directamente en los aposentos del rey. Estos se encontraban vacíos, pero no le sorprendía que fuera así. Apartando un poco la cortina, pudo ver como cadáveres vivientes asolaban la ciudad, matando todo lo que se encontraban a su paso, pero sin destruir demasiado los cuerpos de los ciudadanos; que al poco tiempo se levantaba y se unía a esa hueste para atacar a sus vecinos. Escenas horripilantes presenció, como la madre que utilizo su cuerpo para proteger a su hija, sólo para ser ella minutos más tarde quien la matara. O el mozo de cuadras que intentó huir sobre uno de los caballos de la guardia del rey, que solo avanzo unos metros antes de verse superado por la cantidad de cadáveres que mataron a su caballo y después a él.
Turbada, se apartó de la ventana sintiendo una presencia en el pasillo. Dando un paso hacia atrás se fundió con las sombras que generaba la penumbra de las dos velas encendidas sobre la mesa del rey. Justo en ese momento ingresó el futuro Rey Exánime a la habitación. Recorriendo con la mirada toda la habitación, los azules ojos del Rey no proclamado de Lordaeron se posaron sobre Allegra unos segundos más que en el resto del cuarto. Retrocediendo unos pasos, el rey dejo la puerta abierta y anduvo por el pasillo. Viendo la oportunidad, Allegra hecho a correr en dirección contraria a donde se dirigió Arthas, sintiendo su cuerpo bañado en un frio sudor.
Y lucho por su vida. En las calles de Lordaeron, la Señora del Hurto lucho para sobrevivir, y vivió.
Recorrió calles devastadas, entro en casas para evitar hordas de muertos, y al final logro llegar a las murallas de la ciudad. Dando un silbido, del cielo descendió un dragón cuyas escamas negras con vetas azules denotaba su corrupción.
–Por lo que veo no detuviste el asesinato de Therenas Menethil — retumbó la voz del dragón.— Supongo que no te interesa ver de nuevo a tu amado.
—Mi único amado es el dinero — replicó la ladrona.— y me parece que el trato era recuperar esta cosita...
De entré los pliegues de su capa extrajo un pequeño cristal cuyo interior revoloteaba con energía arcana.
Con un bufido de resignación, el draco del tiempo corrupto inclino su gran cuerpo, permitiendo a la ladrona montarlo y juntos emprendieron el vue-
(Tabernero, ¿qué habíamos dicho de las interrupciones? ¿No ves que el chico esta muy entretenido? Venga, sírveme otra copa de sangrerregia, que siento la boca seca, y siéntate para que termine la historia que falta muy poco.) aferrandose a las escamas negras, Allegra cruzó el velo a una línea del tiempo distinta.

¿Quieres otra historia? Vaya, que publico tan atento he conseguido hoy, ¿no crees, Tabernero? Bueno, veamos... ¿que historia te puedo contar a continuación? No, niño, no te preguntaba a ti, me preguntaba a mi misma. ¡Oh, ya sé cual te contare! Déjame beber un poco del licor, para refrescarme la garganta. Estoy lista. Esto que te contaré es más reciente, aunque aun así es de hace algunos años.

Una corriente de aire agitó las cortinas del dormitorio, removiendo la sofocante bris-.

Ese maldito tabernero me cortó la inspiración. ¿Cómo que ya tienes que irte? ¡pero sí nos estábamos divirtiendo! Bueno, has lo que quieras. Sólo asegúrate de pagar la cuenta al salir. No no, no es necesario que me des más oro. Gracias por la copa, Tabernero. En realidad, ¿qué tal si me pagas la copa? eso sería pago suficiente para mi. ¿Sí? Eres un amor, gracias. Bueno me retiro, mañana tengo que salir temprano de viaje. Sí, visitare a un viejo amigo. ¡Tabernero, el chiquillo pagara mi consumo!

—Bien joven, ya se fue la tipa esa—tomando de su cajón una libreta, el tabernero la reviso.— El total de la cuenta, con el consumo de ella y el tuyo, asciende a 3150 monedas de oro con 70 monedas de plata.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
 
La Trovadora.
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
La Vanguardia del Ocaso :: Utilidades Rol :: Historias-
Cambiar a: