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 Arcania y la magia inestable

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Hiromiya



Mensajes : 3
Fecha de inscripción : 19/04/2017

MensajeTema: Arcania y la magia inestable   Dom Abr 23, 2017 3:25 am

Capítulo 1. El inicio

Desde pequeña sentí atracción por la magia. Los colores y formas en los hechizos siempre me han deslumbrado. Los fines de semana mis padres me llevaban al Sagrario de los magos en Ventormenta, siempre y cuando me portara bien. Es uno de mis pasatiempos  favoritos. A los magos no parecía molestar mi presencia, es más, les encantaba cuando llegaba con frutos y alimentos de la granja de mis padres.
Cada año, los magos de la ciudad de Ventormenta abren sus puertas en busca de reclutas talentosos con ánimo de servir al reino. Resulta un verdadero desafío ya que la probabilidad de poder contar con aptitudes mágicas es realmente escasa en los humanos. Aún así, y aunque hasta ahora no había mostrado indicio de hechizo alguno, mis ganas de lograrlo eran tan fuertes como el olor a orco a medio día.
Una noche y pese a que mis padres conocían mis deseos no pude evitar plantearles la idea a la hora de la cena.
—¿Ya vieron los carteles?. Abrieron las postulaciones a la escuela de magos —dije mientras comía.
—Cariño ya lo hemos hablado—dijo mamá mientras papá se ponía de pie.
—Sabía que dirías eso. Todos los años es lo mismo.
—No es eso amor. Los magos corresponden a un linaje distinto. Nuestra familia siempre se ha dedicado a la agricultura. ¡Ya lo sabes!. De cierto modo somos tan importantes como ellos. Tenemos la valiosa misión de alimentar a las tropas. Por favor no lo hagas más difícil.—Acarició mi mejilla mientras mis lágrimas corrían. Se puso de pie y caminó hacia la puerta.
—¡No quiero ser como tú!. ¡No quiero vivir en una granja!—le grité desde lo más profundo de mi alma.

Ella se acercó y al mirarla me abofeteó. Me dolió demasiado; me lo tenía merecido.  Luego me abrazó y ahora tenía un motivo para llorar.
—Lo hago porque te quiero y no quiero verte sufrir.
—¿Como sabes que sufriré? ¿Como sabes que fallaré si no dejas que lo intente? —le dije en un tono suave y arrepentida

Me miró a los ojos mientras yo intentaba entender. Besó mi frente y prometió apoyarme.

El día Domingo, día de la admisión. De camino a Ventormenta, la Feria de la Luna Negra disfrutaba su último día con muchas atracciones. Adquirí un pergamino de teletransportación: lleva al usuario a la entrada de la Feria; son una excelente alternativa para los pequeños que se pierden entre tanta distracción.
Al llegar al Barrio de los Magos todo estaba decorado; familiares arcanos y elementales de agua deambulaban por doquier. Habían mesas con aperitivos mágicos y muestras de polimorfia sobre alimañas.

Corrí de prisa hacia las inscripciones mientras mis padres gustaban de aperitivos.
—Quiero entrar a la academia —dije ansiosa.
—Estas inscripciones son para las pruebas. No seré yo quien decida si entrarás.
—¿Qué debo hacer?
—Llena este formulario —dijo dándome una hoja y una pequeña vara.
Me inscribí sin titubear.
—Esa vara simboliza tu inicio en las artes mágicas. Si no logras quedar puedes conservarla como recuerdo.

Miré la vara un momento. Sonreí y me di la media vuelta.

Corrí donde mis padres y mi madre me abrazó. Dimos una vuelta por los distintos puestos. Al cabo de un buen rato un enorme orbe arcano fue lanzado al cielo y al llegar a lo más alto explotó; dando inicio a las actividades de reclutamiento con colores violeta que caían de lo alto.
Uno a uno fueron llamados los participantes. Nombraron más de los que estábamos presentes. Nos acercamos a la entrada de la torre en donde nos esperaba un carismático gnomo.
—Damas. Caballeros—dijo el gnomo mientras invocaba​ un portal y procedía a entrar.
Atravesamos el portal y caminamos por un túnel luminoso un buen rato. Notaba incómodos a los demás estudiantes. Murmuraban que el túnel resultaba más largo de lo acostumbrado. Sin embargo, nuestro pequeño guía caminaba muy confiado delante nosotros.

—¿A dónde vamos?—pregunté al instructor.
—Es una sorpresa—dijo riéndo—. No te ves muy nerviosa.
—Los magos son buenos. No creo que hacernos daño sea tu intención.
—¿Hacernos? ¿A quiénes?
—Pues a mi y a mis compañeros…

Fue entonces que di la vuelta y ya no estaban. El túnel de regreso había desaparecido y una sensación de incomodidad recorrió mi espalda.
—¿A dónde se fueron todos? —Pregunté al mago.
Pero no hubo respuesta. Volteé solo para percatarme que él también se había esfumado.

Comencé a caminar en una dirección, más fue en vano; por más que caminaba no llegaba a ninguna parte. Todo estaba en blanco.

—¿Te gusta este lugar? —se escuchó a lo lejos.
—¿Donde estámos? —pregunté al cielo.
—Estamos en una dimensión de prueba.
—¿Dimensión de prueba?¿Dónde estás? —volví a preguntar.
—Tranquila—me dijo riendo—. Es una medida de seguridad. Te mostraré.

El pequeño mago apareció tras de mi. Asustandome de improviso.
—Concéntrate y mira mi mano.
El instructor cerró sus ojos y sus manos comenzaron a brillar. Tras unos segundos comenzaron a arder. Entonces me atacó.
—¡PIROEXPLOSIÓN! —Gritó el gnomo—.
Una enorme bola de fuego arremetió contra mi pecho; quemando mi ropa, quemando mi piel. Sentí un terrible ardor en todo mi cuerpo. Intenté ponerme de pie; para entonces el dolor ya se había marchado.

—Eso fue una PiroExplosión—me dijo—. De no haber sido por este lugar te hubiese matado de una ardiente agonía.
—increíble —murmuré mientras mis heridas se cicatrizaban rápidamente—.
—Muy bien. ¡Muéstrame que tienes! —exclamó—.


El instructor desapareció nuevamente, pero esta vez, llevándose la habitación con él. Todas las luces se apagaron y mi visión bajó a cero. El piso que me sostenía dejó de existir. Sin embargo, aún podía mantenerme en pié; más bien, estaba levitando en el vacío.
—Esta es tu primera lección —se escuchó al unísono—. Como te habrás enterado; la magia no es algo físico. Debes manipular las energías que yacen en tu entorno. Cierra tus ojos y dime que sientes.

Permanecí un instante en silencio y tras no sentir las energías comencé a decaer.
—No siento nada —dije desanimada—.
—¿Que tal con esto? —preguntó el mago a lo lejos, entonces gritó—. ¡PIROEXPLOSIÓN!
—¡Arde! —contesté tras el ataque—.
—Así es como se siente la energía que alimenta al fuego. Ahora intentalo tú. Tómate tu tiempo, no tengo prisa —dijo el instructor apareciendo frente a mi—.


Cerré mis ojos y me arrodillé.
—Ahora. Recuerda cómo se sienten las llamas. Intenta que tu cuerpo se rodee de esa sensación.
           Permanecí en silencio unos minutos.
—¡Lo tengo!—dije más calmada—.
—No pierdas la concentración. Mantén esa energía y céntrala en un lugar. Imagina que la energía se dirige a tu mano. Recuerda como lo he hecho.


Imaginé que toda la energía que me rodeaba se movía a mis manos causando un pequeño destello.
—¡Muy bien! —dijo el instructor—. ¿Que tal algo de motivación? ¡PIROEXPLOSIÓN! —gritó riendo a carcajadas.

Continué desviando la energía que quemaba mi cuerpo hacia manos hasta que comenzaron a arder.
—Mis manos. Me estoy quemando. ¡DUELEN!—Le grité.
—Si tu intención es dedicar tu vida a las artes mágicas; debes saber controlar los flujos energéticos. Mueve toda la energía a tus manos. Pero no hagas que el flujo de devuelva; ya que tu eres el origen.


El fuego que me rodeaba era demasiado para mi. Intenté retraer la energía que viajaba a mis manos para detenerla pero no pude controlarla. Ambos flujos colisionaron entre sí causando que todo mi cuerpo estallara en llamas.
—¡Ayudame!—grité.
—¡Pronto! Saca tu vara de cobre y re dirige tu energía hacia ella. Piensa en tu vara para cargarla. La varita puede almacenar energía de manera temporal.


Introduje mi mano en mi bolsillo y lo primero que saqué fue el pergamino de la Luna Negra. Solo con tenerlo en mi mano me hizo pensar en el. Y lo activé.

Primera lección: Piensa en un lugar y la energía fluirá ahí.
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Hiromiya



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MensajeTema: Re: Arcania y la magia inestable   Dom Abr 23, 2017 3:32 am

Capítulo 2. La caravana.

Estoy mareada; no se cuanto tiempo ha pasado. No puedo mover mi cuerpo y tengo sed. Quería despertar. Sentía gente a mi alrededor. Oía voces pero no entendía lo que decían. Entré en pánico, abrí los ojos y desperté.
—¿Dónde estoy? —dije agitada—. En mi casa. No, no estoy en mi casa. —pensé—. ¿La torre?, el fuego, el gnomo. ¡el fuego! —exclamé.

Miré mis manos y no tenía heridas.
—¡Eh! colega —dijo un troll.
—¡Ah! —grité de la impresión—.

Observé a mi alrededor y estaba sobre un kodo en movimiento. Habían individuos de distintas razas. Me asusté.
—¡La niña e’tá a salvo! —gritó el troll—.
—¡Que bien!, ¡que bueno! —se escuchaba en la muchedumbre—.
—¡Atrás troll! —grité adoptando una posición defensiva—.
—¡Oye oye cómo te atreves! —arremetió un enano centrando la atención de los presentes—. Colega te ha salvado la vida. De no haber sido por él te hubieses muerto en una ardiente agonía.

Colega levantó la mano. Le miré. Quedé arrepentida.
—Ardiente agonía, ¡eso es! —exclamé—. ¡El mago! Estaba en la torre y usé el portal. Por eso estoy aquí.
—Insinúas que mi portal te causó estas quemaduras —dijo exaltado el enano—.
—¡Los portales de Thorin fallan! —Se escuchó en tono burlesco—.
—Cierra la boca gnomo —respondió el enano—.
—Te dije que un Transportador gnómico ultraseguro sería lo mejor —alardeó el pequeño—.
—No me vengas con eso ahora. Y tu —insinuandome—¿que hacías en la feria?
—Ya te lo dije. Usé el portal y aparecí acá. Pero tu no causaste mis quemaduras; fui yo misma.
—Ya ves —le dijo Thorin al gnomo— mis portales son estables y no dañarían a nadie. Espera. ¿Tú misma? —me miró intrigado—. ¿Qué clase de loca eres?

Pasó un buen rato y les conté lo que ocurrió. Colega no parecía entenderme. Terminada mi historia me acerqué a él mostrando arrepentimiento.
—Lo lamento Colega —le dije—. Siempre he oído historias de los trolls. Me asusté. Gracias por curarme.
—Colega no puede entenderte. No hablas su idioma. —dijo el enano en un tono más calmo—. Es cierto que han habido guerras y quizá muchas historias con respecto a ellas. Pero aquí es muy distinto. Nos esmeramos en llevar alegría a la gente. Viajamos por semanas para llegar a cada rincón. En esta caravana no tenemos rivalidades. Y yo en particular me siento orgulloso de ello —miró con orgullo a Colega posando su mano en su hombro—.
—¿Cómo te uniste a la feria? —pregunté.
—¡Ja! No es algo que te incumba, niña. ¡Conductor! —gritó el enano—. Detenga la caravana en la próxima parada; dejaremos a nuestra amiga ahí.
—Por supuesto —se escuchó más adelante—.
—¡Espera, llévame contigo! —supliqué al enano—.
—¡Já! ¿Qué les parece?—dijo en un tono burlesco a los demás—. A la niña le encantó la feria.

El resto murmuraba mientras seguían caminando.
—Por favor. Puedo ayudar. No quiero regresar a casa.
—¿Que hiciste que no quieres regresar? ¿Acaso, mataste a alguien? —Interrogó el enano—.
—Mi madre confío en mí y le he fallado —dije mirándole y empuñando mi mano—. Mi madre sabía que no lo lograría. Dijo que yo sufriría pero sé que ella sufrirá más. No volveré hasta mostrarle que no se equivocó al confiar en mi.

—Que sabes tu de orgullo mocosa —dijo el enano un tanto exaltado—.
—¡Quiero convertirme en una maga!, ¡quiero lanzar hechizos al aire y que la gente vea lo bonito que son! Por favor llévame —volví a suplicar—.

Thorin se quedó mirándome pensativo hasta que la caravana se detuvo.
—¡Señor! hemos llegado —gritó el conductor—.
Colega se acercó a Thorin y puso su mano en su hombro; pareció haberme entendido. Thorin miró a Colega y asintió.
—¡Conductor! Sigamos a nuestro destino —gritó el enano mientras Colega me sonreía.
Devolví la sonrisa mientras todos volvían a la marcha.
Permanecí exhausta en la montura sin saber a dónde íbamos​ hasta que el sol cayó.

Desperté cuando aún estaba oscuro. La gente seguía caminado alumbrados por antorchas. Parecían acostumbrados a viajes largos.
—Ven y camina —dijo Colega quien iba al lado del kodo—.
—¿Llevas caminando toda la noche? espera… —intrigué— ¿puedes entenderme?
—No mucho. Todo aprendemo de todo —respondió.
—Quiero que sepas que lo lamento. No quise insultarte.
—Tu ya te habia disculpado con Colega.
—Me alegro que hayas entendido lo que dije —sonreí mientras bajaba de la montura.

Caminé intentando seguir los largos pasos de Colega. Al cabo de un rato el alba comenzó a saludar.

—¡Alto!—dijo el enano mirando los primeros  rayos de sol—. Señores. Ya saben que hacer. ¡Vamos a comer! Y tu, niña. Vienes conmigo —dijo apuntándome—.
Los caminantes comenzaron a bajar elementos de las monturas mientras yo seguí al enano. Nos acercamos a un árbol en donde teníamos vista a toda la caravana.

—Muéstrame que sabes hacer —dijo Thorin cubriéndose de brazos—.
—Puedo cocinar. ¿Quiéres que te ayude con el desayuno?
—¡Hablo de la feria! —dijo cambiando rápidamente de temperamento—. Eres un mago. ¿En qué te especializas?
—Aún no puedo lanzar hechizos.
—¡Já! pues que pena. Porque hasta que no me convenzas no comerás y si no tienes algo que mostrar me temo que hasta aquí llegarás.
—Pero dijiste que…
—¡Dije que te llevaría pero no hasta donde! —dijo interrumpiendome y dando la vuelta—.
—¿Al menos puedes enseñarme? “Todo aprendemo de todo”—le dije.

Thorin se volteó y pareció recordar esa frase. Se mantuvo pensante y suspiró.
—Presta atención —me dijo en voz alta mientras empuñaba su mano—.
Thorin cerró sus ojos y su mano comenzó a brillar. Del centro de su puño surgió un trozo de hielo.
—Ahora mira arriba —dijo señalando una manzana—.
Me mostró la daga de hielo y luego la lanzó atravesando la fruta haciendo que esta cayera.
—¿Como le has hecho? —dije impactada—.
—Dame tu mano —dijo tomando mi muñeca—. Cierra tus ojos y siente mi energía.

Cerré mis ojos e intenté sentir su mano. Recordé las llamas que fluían desde mi cuerpo a mis manos.
—Detén esa energía —murmuró—. Esto no es fuego. El hielo no tiene movimiento. Detén tu cuerpo, detén tu respiración. Siente la energía fría en tus manos. Mantén tu respiración —reiteró—.
Permanecimos estáticos hasta sentir una esfera en mi palma. Entonces. Thorin apretó fuertemente nuestras manos. La pequeña bola de energía se deformaba al ser presionada creando una forma alargada volviéndose fría, volviéndose sólida.
—¡Respira! —dijo en voz alta—.
Abrió sus ojos y retiró sus manos de las mías dejando una daga de hielo a mi merced.
—¿Cómo se siente? —dijo orgulloso el enano—.
—Está muy fría —respondí mirando la daga aún incrédula—.
—¿Qué esperabas?. ¡Que estuviese ardiendo! ¡Ja! —dijo soltando una carcajada—. Quién crees que conjuró esos portales. ¿El gnomo?
—¡Te escuché enano explota-niñas! —reprochó el gnomo a lo lejos—.
—La niña dijo que no fue mi portal quien la incendió —contestó Thorin—. Creí que ese tema había quedado claro.
Permanecí intrigada aún sin quitar los ojos de la daga. Mientras Thorin y el gnomo se alejaban.
—No me desilusiones —me dijo Thorin recordándome que debía esforzarme.

Me dispuse a lanzar la daga intentando dar con la manzana. Se veía más fácil de lo que en verdad era. Tras varios intentos fallidos la daga comenzó a desgastarse; cada lanzada se volvía más endeble. Hasta que llegó el momento en que se volvió agua.
Permanecí bajo el árbol intentando fabricar una nueva. El sol estaba en lo alto y mi estómago me recordaba lo vacío que estaba.

—El hielo no se mueve, el hielo es frío —susurraba—. El hielo no se mueve, el hielo es frío —repetí—. ¿Por qué no puedo sentirlo?—dije mirando mi palma. Permanecí pensante hasta que una manzana cayó en mi cabeza. ¡ouch! —Exclamé—!
—Ups —se escuchó en lo alto—. No quise darte —dijo el gnomo haciéndose el gracioso—. ¿Por que no solo lanzas un cuchillo y ya?
—Porque con un cuchillo sería demasiado fácil —dije frustrada—.
Entonces un cuchillo rozó mi oreja quedando enterrado en el suelo.
—¿Crees que es muy simple? Ni si quiera puedes formar una “dagüita” de agua fría.
Me puse de pie y cogí el cuchillo. Me dispuse a lanzarlo con todas mis fuerzas sin lograr dar con la fruta. El cuchillo fue a dar muy lejos perdiéndose de vista. El gnomo reventó en carcajadas llegando a caer del árbol. Camine en busca del arma aún escuchando sus risotadas burlescas.
—Lanzas tan torpe como un orco —gritó—.

Tardé un poco en dar con ella. De camino al árbol intenté darle a la manzana volviendo a fallar. Fueron varios intentos fallidos en angustiosas caminatas.

—Verte fallar tantas veces deja de ser divertido —dijo el gnomo bostezando—.
—No entiendo qué tiene que ver lanzar dagas a manzanas con aprender de magia —dije lanzando el cuchillo al suelo—.

El gnomo recogió el cuchillo y lo lanzó al aire. Ensartó una manzana y está cayó en su mano.
—¿Bonito truco verdad? ¿Acaso no fue mágico? —dijo retirando el cuchillo de la fruta—.
—No es a lo que me refiero.
—Lo sé solo bromeaba. Deberías entrenar tu sentido del humor —dijo el gnomo tomando mi mano—. Ven apóyate en el árbol.

El gnomo dió un salto estrepitoso y colocó la manzana en mi cabeza.
—Cierra tus ojos y mantén el equilibrio. La clave —continuaba mientras su voz se alejaba—. La clave radica en concentrarte en tu objetivo.
—Quieres decir que debo concentrarme en la manzana más que en el cuchillo…

No me dejó acabar cuando un enorme golpe se escuchó en el árbol. Abrí los ojos y una mitad de la manzana cayó a cada lado. Sobre mi cabeza estaba la daga enterrada en el manzano.
—¡Estas loco! Pudiste haberme matado —le grité—.
—Pero no lo hice —dijo acercándose—.
—¡Pero pudiste darme! —respondí frenética—.

El gnomo saltó hacia la daga que yacía en el árbol y comenzó a halar con fuerza. Cuando pudo sacar el cuchillo lo lanzó nuevamente al aire tirando otra fruta. La tomó y me dió el arma.
—Es tu turno—dijo el gnomo poniendo la manzana en su cabeza—.
—¿Que? —dije exaltada—. ¿Quieres que te mate?
—¡Ah jaja! No puedes darle a una manzana. Además —añadió— no querrás hacerle daño a un gnomito.
—Ya veremos —dije tomando el cuchillo—.

Retrocedí varios metros sin perder la vista en el gnomo. Me dispuse a lanzar cuando me interrumpió.
—¿Cual es tu objetivo?
—No partirte la cabeza —respondí confiada—.
—Espera.

El gnomo camino hacia mi sin tirar la manzana. Me pidió que me arrodillara y vendo mis ojos.
—Estas loco.
—Sigue el sonido el mi voz. Donde esté yo estará la manzana. No pienses en no darme. Piensa en darle a la fruta.

Baje la venda para darle una última vista a la manzana. De reojo el sol se ocultaba y el hambre me jugaba en contra.
—Piensa en tu objetivo, mantén la respiración, lanza.
—Aún no entiendo qué tiene que ver la respiración.
—Si lanzas mientras respiras desviadas la trayectoria del cuchillo. Mantén la respiración y lanza a tu objetivo.

Puse mi mano tras la nuca disponiéndome a lanzar. Reduje la respiración imaginando la manzana sobre el gnomo. No quería lanzar y partirle la cabeza. Mi mano comenzó a tambalear; se estaba adormeciendo.
—¡Acaba conmigo niña! —gritaba el gnomo—.
Comencé a ponerme nerviosa. Mi mano temblaba con más frecuencia.
—Lanza cuando quieras, tengo todo el día —gritó sarcástico—.
Tomé el último aliento, mantuve y lancé cayendo de espalda. Mis ojos se cerraron  mientras escuchaba al gnomo quejarse de dolor. Estaba muy cansada para mantenerme en pie. Alcance a retirar la venda de mis ojos antes de golpear el piso.
—Creo que fallé —susurre antes de desmayarme—.


—¡Eh! colega!
—¡Ah! —grité de la impresión—. Un deja vu —exclamé—.
—¡La niña e’tá viva! —gritó Colega.
—El gnomo, Colega. ¿Dónde está? —pregunté asustada—.
—El gnomo e’ta en el fuego.
—Salí de la carpa con un dolor en la nuca. Era de noche y el campamento estaba montado. Divisé fuego a lo lejos. Temí lo peor.
—¿Qué sucede? —dijo Colega saliendo tras de mí—.
—¡Lo maté y están quemando su cuerpo! —dije al salir corriendo.

Corrí tan rápido como pude; alcancé a divisar a Thorin. Estaban todos reunidos alrededor del fuego.
—Thorin. Lo lamento no fue mi intención. Yo estaba… y el árbol. Entonces me vendó y la manzana —intenté explicar—.
—Y lanzó mi cuchillo muy fuerte y luego se desmayó —dijo el gnomo—.
—Si y lo maté.

Entonces lo ví y quedé atónita. Corrí a abrazarlo y lloré frotando mi mejilla en su calva.
—¡Estas vivo!  —dije sin ánimo de soltarlo—.
—Por supuesto. Tienes una puntería horrible —rió—.
—Pero te escuché gritar. Creí que…
—¿Guille?—interrumpió Thorin.
—Fue solo parte del espectáculo. Jamás creí que llegaría tan lejos —contestó el gnomo—.

Fruncí el ceño pero mi enojo no fue mayor a mi alegría de verlo vivo.
—Por qué no vas por mi cuchillo mientras yo te preparo un plato para que comas —dijo Guille compasivo—.
Sonreí limpiando mis lágrimas y corrí hacia el árbol. Busqué alrededor de este sin dar con el cuchillo. La luz de la fogata no era suficiente para alumbrar. Entonces miré al árbol y estaba la cuchilla atravesando la manzana. Volví a sollozar. Quité el cuchillo y volví a la fogata. Esta vez sin prisa.

Segunda lección: Centrate en tu objetivo. Inspira. Manten. Lanza.
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Hiromiya



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MensajeTema: Re: Arcania y la magia inestable   Dom Abr 23, 2017 3:33 am

Capítulo 3. Bahía del botín

Partimos muy temprano en la mañana. Esta vez me he dispuesto a caminar junto a los demás. Guille se ve muy ansioso. De hecho, es él quien lidera la caravana. No entiendo como puede ir tan de prisa con sus pequeños pies de gnomo.
A eso del mediodía tras cruzar la selva; Guille corrió con todas sus fuerzas hacia una colina. Casi no podíamos verlo de lo pequeño que es.
—¡Eh Thorin! —dije alcanzando al enano—. Parece que Guille está ansioso eh.
—¡Ja! Espera que lleguemos a la Bahía. Nos cuesta convencerlo de partir. Su corazón pertenece a estas tierras.
—¿Hablas de una chica?
—No exactamente. De igual forma, no es algo de lo que me corresponde hablar. A propósito —añadió—. ¿Como vas con el manejo del hielo? Guille me contó de las manzanas. Al menos aprendiste a lanzar. ¡Ja! —rió como acostumbra.
—Justo sobre eso quería hablarte. ¿Tienes algún consejo?
—Mira. En mi raza el hielo es tan natural como respirar. Crecemos rodeados de montañas y frío. Mi padre nos llevaba a cazar y debías saber hacer fuego o el frío no perdonaba. Usábamos la nieve como entorno...
Thorin se disponía a contarme su historia cuando Guille interrumpió.
—¡Más rápido abuelo! —gritó desde la cima.
—¡Cierra la boca gnomo insensible! No ves que estaba abriendo mi corazón.
—De acuerdo pero no te exaltes. No querrás que sea la última vez que hables de él. —contraatacó Guille haciendo estallar la caravana en risas—.
—¿Por qué no bajas de ahí? —gritó Thorin en respuesta—. Y ten Cuidado con resbalar y caer en hiedra venenosa como la última vez. No querrás que Colega vuelva a curar tus pompitas.
Se escucharon risas en la caravana y Colega pareció recordar. Era una batalla de chistes que se repetía con frecuencia.

No alcanzó a pasar un minuto cuando volvimos a perder de vista a Guille. Llegando a la Bahía lo vimos en la entrada.
—¡Vamos vamos! —apuró el pequeño.
Una vez llegado el último caminante Thorin tosió fuerte aclarando su voz.
—En vista y considerando la prisa de Guille —dijo mirando al impaciente—. Les daré las indicaciones que ya deben recordar. Compren lo necesario para sobrevivir y tienen toda la tarde para disfrutar del lugar. No descuiden sus pertenencias. No olviden que esta es tierra de bandidos y piratas. Nuestro barco a Trinquete zarpa al anochecer. Si no están en el muelle para entonces; me veré obligado a partir. ¿Alguna duda?
—No, no. Nadie —dijo Guille—.
—¡Xarna! —dijo Thorin señalando a una tauren—. Nada de peleas.
Xarna asintió y todos se retiraron.
—Thorin llévame contigo —dije—.
—¡Ja! No esta vez niña. No esta vez —dijo y se fué.

Permanecí en solitario mientras la multitud se dispersaba. Parecía que todos tenían algo que hacer. Caminé hacia el muelle y seguí los barcos hasta perderlos de vista. Era un lugar tranquilo y neutral en donde el comercio parecía ser lo único importante. Me senté en la orilla y parecía que solo me quedaba esperar la noche. Entonces recordé.
Corrí de vuelta a la Bahía y salí por la entrada principal. Regresé por el mismo lugar por donde entramos. Subí la colina en la que Guille avistaba. De lo alto podías ver la bahía completa incluyendo los barcos que se perdían en el horizonte. La brisa estaba perfecta y tenía algo pendiente que continuar. Saqué mi varita de cobre y me arrodillé. La puse en frente mío y comencé a meditar. Relajé mi respiración e intenté sentir el frío, sin embargo, el sol en lo alto y la brisa cálida no ayudaban mucho.

Así permanecí un buen rato jugando con la respiración.
—El hielo es frío y estático y el fuego es cálido y veloz. El hielo es frío y estático y el fuego es cálido y veloz —repetí—.
Mi concentración no parecía ayudarme. Me quedé pensando cómo podía cargar la varita; el gnomo de la torre algo al respecto había mencionado. Cerré mis ojos y volví a meditar. Me dormí.
Reaccioné en el momento en que un sigiloso goblin se disponía a tomar mi vara. Despertar fue suficiente para causar la huida del enano con mi pertenencia.
—¡Vuelve acá! —grité tras de él colina abajo—.
El tipo entró en la selva sin mirar atrás. Los árboles dificultaban la visión. Comencé a perder distancia del goblin pero la frustración se convirtió en rabia y esa rabia me impedía detenerme mientras una clavada en mi corazón indicaba que me estaba excediendo. No me importó, debía recuperar mi vara y solo había una manera de detenerlo. Apreté mi puño y grité.
—¡OYE MALDITO!.
El goblin volteó sin detenerse. Ver su rostro fue suficiente para enfocarlo. y volví a gritar.
—¡PIROEXPLOSION!
Lanzando una enorme bola de fuego en dirección al bandido. Pude ver el fuego reflejado en su expresión. La PiroExplosión arremetió su espalda barriendo el suelo con su cuerpo. Corrí de prisa con mis manos aún en llamas dispuesta a matarlo. Entonces una daga cayó enterrada al suelo.
—Ya basta —se escuchó una voz conocida—. No tienes que seguir con esto.
Continué levantando mis manos sin escuchar la voz de Guille. El goblin comenzó a toser y a recuperar el conocimiento.
—Acabaré contigo maldito ladrón —dije enfurecida—. La gente mala como tú es la que hace mal en el mundo. ¡Te acabaré!.
Guille saltó a mi espalda poniendo un cuchillo en mi cuello.
—Escucha —dijo Guille—. Te lo diré solo una vez. No querrás convertirte en asesina.
—Tu no entiendes —reproché—. La gente mala como él es la que…
—Si si ya oí esa parte —me interrumpió Guille—. No es la gente mala. Es la gente estúpida que toma malas decisiones. Como tú en este momento. Escucha —continuó— hace mucho tiempo, antes de unirme a la feria, era un pirata. Y este sujeto ha sido mi compañero desde entonces. A veces asaltamos lugareños como en los viejos tiempos pero esta vez se salió de control.
El goblin levantó su mano tambaleante mostrando la vara al mismo tiempo que cubría su rostro de miedo. El fuego en su mirada reflejaba misericordia. Lo miré quebrandome por dentro. Había olvidado por qué estaba aquí. Miré la varita y recordé. Recordé la torre, los magos y mi familia. Recordé la caravana y ahora iba a asesinar a un tipo. Tomé la varita y caí rendida.
—Esta varita simbolizaba el inicio de mis sueños —comenté—. Es por ella que estoy aquí. Quizá no estaba lista para partir. Quizá no soy digna de su poder.
La varita comenzó a brillar, absorbiendo mi energía al mismo ritmo que caía mi respiración. Tuve una epifanía. La pude entender. Entonces, un cuerno sonó a lo lejos.
—Es hora de irnos —dijo Guille poniendo su mano en mi hombro—.
—Deben irse —dijo el goblin tosiendo— no pueden verte aquí Guille.
—No puedo dejarte camarada...
—Tonterías —interrumpió—. Sabes que ellos buscan tu cabeza.
Guille asintió con la mirada y se volvió a mi. Ambos sabíamos que hacer y dispusimos a correr. Un grupo de bucaneros se divisó a lo lejos. El goblin sacó un cohete plantandolo al suelo. Guille agachó su mirada apretando sus dientes mientras mordía sus labios sabiendo lo que se avecinaba. Salimos de la selva y una enorme explosión surgió del lugar donde veníamos. Miré a Guille sin detenernos y comprendí.
Entramos a la bahía y nos refugiamos en la taberna. Nos sentamos en la barra sin decir una palabra. Estaba Xarna muy bebida. Bebía como ogro en el día de la cerveza.
—Oye Guille...
—No quiero hablar al respecto —me interrumpió—.
Un orco se sentó frente a Xarna y puso su codo sobre la mesa. Xarna puso su brazo junto al de él y tras una pequeña mueca el orco voló hasta dar contra la pared. Xarna alzó sus brazos mientras la gente la ovacionaba. La tauren se sentó y una jarra llena llegó a su mesa. Un enano se sentaba frente a Xarna a probar suerte mientras el tabernero se disponía a llenar otra jarra para la vencedora cuando un grupo de piratas irrumpió el ambiente con gritos y destrozos.
—¿Dónde está el traidor? —gritó el del sombrero—.
Miré a Guille pero ya se había esfumado junto al ambiente tabernero.
—He dicho que en dónde está el traidor —reiteró amenazante—.
—Largo de mi taberna piratas maloliente —dijo el tabernero—.
Un pirata con un parche en el ojo no dudó en disparar al tabernero rompiendo la jarra recién llenada. Las campanas del muelle anunciaban la próxima salida mientras yo buscaba a Guille con la mirada. El tabernero comenzó a llenar una jarra nueva. Mientras el goblin del parche esperaba impaciente a romperla.
—¡Requisen el lugar! —ordenó el capitán al mismo tiempo que el goblin disparaba a la jarra llenando de cerveza el suelo—.
Xarna se levantó lanzando la mesa al techo junto a un embrutecedor mugido. Se acercó al goblin del parche ahuyentando a los aledaños. Tomó al pirata del cuello y lo levantó mugiendo.
—¿Crees que es gracioso? —dijo la bestia tirando humo del hocico—.
—Tranquila mujer que sólo es cerveza —dijo el goblin en defensa—.
Xarna alzó al pirata para luego enterrar su cabeza en el suelo de madera. Le dió un par de golpes que a nadie le gustaría recibir. Entonces, un cuchillo cayó al lado de Xarna, quién se percató en el acto.
—¡Es hora! —gritó del techo—.
—¡Guille! —exclamé—.
—¡El traidor! Tráiganme su cabeza —ordenó el capitán—.
Xarna lanzó al goblin sobre su capitán y corrió hacia mi. Me levantó de un brazo y Guille cayó en su hombro. Xarna saltó por la ventana destrozando todo a su paso en dirección al muelle. Se podía ver el barco dispuesto a zarpar.
—No vamos a llegar —dije trepando a los hombros de Xarna—.
—No me subestimes —dijo apurando el paso—.
Xarna brincó de lo alto aterrizando en el muelle sobre sus cuatro pezuñas. Comenzó a galopar mientras los piratas corrían tras nosotros. El barco parecía alejarse de a gran velocidad pero no fue impedimento para Xarna, quien de un brinco se aferró al barco permitiéndonos subir. Una vez arriba intentamos ayudarle pero ella no lo necesitaba. Xarna se puso heroicamente de pie y luego se arrodilló; terminando en el suelo rendida de cansancio.
—Eso fue… extraordinario! —exclamé—.
El resto de la caravana se preguntaba qué sucedía mientras los ronquidos espontaneos de Xarna indicaban que fue un gran día.

Tercera lección: No seas estúpido, piensa antes de actuar.
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Arcania y la magia inestable
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