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 Aradun: ¡Hachas y Martillos!

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jaimermatars

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Fecha de inscripción : 16/05/2016

MensajeTema: Aradun: ¡Hachas y Martillos!   Miér Mayo 24, 2017 6:15 am


Prólogo
Un llamado a la Acción

I

Las explosiones y el aroma a pólvora era muy recurrente las últimas semanas en la ciudad bajo la montaña. Legiones de Orcos sedientos de sangre intentaban invadir y adentrarse en esta, habían logrado capturar los puestos de avanzada y el pueblo de Kharanos no muy lejos de Forjaz. Más soldados se preparaban dentro de la ciudad para hacer retroceder a esas bestias de una vez por todas, mientras tanto los montaraces se preparaban desde las torres de defensa de la ciudad, faltaba poco para que comience el contraataque y hacerlos retroceder; Pero dentro de la misma ciudad crecían dudas si lograrían vencer o salir de este dilema, esta incertidumbre provenían de las tabernas del distrito comercial, por eso Aradun Piedrahierro había sido enviado a vigilar esos lugares y procurarse mantener la calma.

Mientras caminaba este, cargaba su martillo en el hombro, portaba una armadura de placas y el tabardo de su reino, su barba gris hacía notar en cierta manera aún más su rostro tranquilo y veterano.
Al entrar a la posada este observa a la joven que atendía esta, limpiando unas cuantas jarras, se le notaba algo triste y el ambiente del lugar era muy apagado, lo cual era muy raro en los enanos. Este se acerco hacia la tabernera.

- Buenas noches - Dijo el enano. Su voz tenía un tono reventé - Me gustaría una hidromiel.
- Muy buenas... - Respondió ella. Se notaba algo despistada y su rostro reflejaba algo de incertidumbre - ¿Solo desea eso? Bien, le traigo enseguida su jarra.

No era difícil nota que en esa taberna ya existía la duda e incertidumbre de perder contra los Orcos, algo debía hacer para levantarles el ánimo, después de todo si luchaban en ese estado era seguro que fallarían.
La joven había regresado con la jarra ya, cuando volvió a observar a el enano de barba grisácea, esta noto un rostro muy tranquilo, bastante para lo que había escuchado, le entregó su jarra en la mano.

- Aquí tiene señor…
- Dime muchacha - Le preguntó Aradun, mientras tomaba su jarra - ¿Porque tu posada está tan silenciosa?
- ¿Aún no escucha sobre lo que ocurre en la puerta?, supongo que no, se dice que los orcos están a punto de adentrarse en nuestras cámaras, la guardia no resistirá mucho contra ellos.
- Niña yo vengo de las puertas y te aseguro que eso es falso, tal vez hemos perdido Kharanos, ¡Pero esos bastardos no entrarán a Forjaz! .
- ¿Lo dice en serio? - Dijo ella con una voz tenue y angustiada. Sus ojos observaron directo al enano enfrente suyo.
No era difícil nota que lo que había dicho este, le dio una esperanza a la joven, como si se tratase de de encender una hoguera en medio de una profunda oscuridad.
- ¡Te doy mi palabra muchacha! - Su voz en ese momento era más seria - Pero si realmente quieres que logremos algo más que defender nuestras puertas de aquellos bastardos ¿No crees que debemos hacer algo más que beber en una taberna dejándose influenciar por dudas e inseguridades?
- ¿Pero cómo?...¿¡Cómo podemos ganarles!? - Pregunto algo alterada -

Algunos enanos lograron escuchar la charla de estos dos y aun más cuando la joven que atendía se había exaltado, se ganaron cerca así de esta forma escuchar lo que estaba ocurriendo.

- Luchando niña -Dijo secamente. Había sentido el sonido de armaduras acercarse a él, por esta razón giró su cabeza para observar a quienes se allegaron a él - ¡Somos enanos! ¿No? ¡Nosotros jamás hemos huido de una pelea! ¿Por qué lo haríamos ahora?
- Tiene razón, nosotros jamás corremos de una pelea - Dijo un enano que portaba una armadura de placas.
- Tal vez sea cierto ¡Pero este enemigo no se compara a lo que enfrentamos antes! ¿Cómo esperas que ganemos? - Vociferó uno que portaba una capucha verde.

Tomó la jarra de la mesa mientras aún cargaba su martillo en el hombro. En su mente solo pensaba en una cosa, necesitaba lograr animarlos y guiarlos por un camino donde puedan encontrar la fuerza necesaria para vencer.

- Si no luchamos, jamás ganaremos ¡Tenemos que ir a la refriega e intentar ganar! Porque si no lo intentamos nunca sabremos de que somos capaces.
- Pero ¿Estas seguro de ello? - Preguntó la tabernera. Su voz era algo tímida.
- Se los aseguro a todos ustedes, yo he participado en varias batallas y luchas, se que nosotros podemos lograr hacer retroceder a los orcos, pero para ello debemos confiar que lo haremos - Dicho esto observa a cada uno de ellos, esperando sus respuestas. Su mirada era tranquila.

Varios de los presentes se acercaron aún más al viejo enano de barba grisácea. Aradun pensaba en ese momento si había logrado llegar a ellos, sabía que decir unas cuantas palabras no eran suficientes, pero no tenía nada que eso en ese momento, tendrían que bastar.
Para suerte de él, eso eran lo que ellos necesitaban. Alguien a quien seguir y que los inspire para luchar, quien les guíe para que encuentren el valor en ellos.

Pronto varios de los enanos que aún se encontraban sentados, se alzaron de sus sillas y caminaron hacia él, pues ellos había logrado escuchar la charla de este y fueron motivados por esta. En momentos de oscuridad uno se aferra a cualquier luz que aparezca es su camino.

- ¿Que debemos hacer? - Preguntó uno de ellos. Este portaba una capucha roja.
- ¡Tiene que abalanzarse a la refriega! ¡Debemos luchar por Forjaz y por Khaz´Modan! ¿O nos quedaremos sin hacer nada mientras esas bestias acosan nuestras tierras? Pues yo no ¡Debemos enseñarles que los enanos no son tan fáciles de doblegar! ¡¿Quien esta conmigo?! - Alzando su Martillo. Su voz en ese momento se eleva.

Todos los presentes observaron en silencio a Aradun, solo para romper la calma mientras ofrecían sus armas y su apoyo.

- ¡Luchare a tu lado para expulsar a los orcos! - Exclamó uno quien portaba una pesada armadura
- Si con mi vida o muerte ayudo, lo haré - Dijo reverente ante el.

Había logrado su meta, logro encender la llama de esperanza en ellos y darles algo por que levantarse e ir a la refriega, luchar por su pueblo y por sus seres queridos les daría valor para abalanzarse contra el enemigo.

Regreso a colocar su martillo sobre su hombro y observó a todos. La tranquilidad había regresado a él.

- Entonces prepárense, porque pronto iremos a enfrentarlos.
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