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 Relatos de un Guardia.

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jaimermatars

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Mensajes : 18
Fecha de inscripción : 16/05/2016

MensajeTema: Relatos de un Guardia.   Vie Ago 11, 2017 8:41 pm


Prólogo
Un Nuevo Comienzo


I


La historia de Darren inicia en las antiguas Laderas de Trabalomas, exactamente en el pueblo pesquero de Costasur, la vida en ese lugar se comenzaba a recuperar luego de los eventos de la primera guerra, ya que el pueblo fue ocupado por muchos refugiados de Ventormenta, después que su ciudad fuera destruida por los orcos, pero en tales tiempos, no era nomas que un recién nacido buscando el pecho de su madre, sin ninguna clase de preocupación o miedo del mundo a su alrededor.


Durante los años posteriores la calma había regresado a la aldea, no existían muchas preocupaciones exceptuando el peligro de los orcos, aunque estos jamás habían logrado atravesar la Muralla de Thoradin. La vida de la familia Holt era tranquila, aun cuando un legado familiar les perseguía hasta el cansancio, pues eran los mismos nobles quienes degradaron su apellido, ya que en antaño, pertenecían a la nobleza, el más afectado en ese entonces, era su abuelo y padre, en algún punto de su vida, fueron expulsados de la capital por tales hechos.


Aun así, la gente del pueblo que ahí habitaban, no eran nobles, eran simples pescadores y comerciantes.
Aunque su única preocupación en ese entonces era la vida de su único hijo, Darren, quien hasta ese momento había tenido una existencia humilde, quien a pesar de su corta edad, entendía levemente los problemas que ya comenzaba a notar a su alrededor. No obstante, tales problemas aún no causaban daño en el, por lo menos hasta ese momento.


Darren le había pedido a su abuelo, Theon Holt, con toda la inocencia y energía de un joven de nueve siete, un trabajo en la herrería, pues este anhelaba ayudar a su abuelo, le tenía un gran aprecio a este, muchas veces se quedaba con el en el puerto, contándole historias de héroes antiguos y de aventuras. Por esos motivos deseaba que tener algunas monedas con las cuales comprarse una caña de pescar y con esta, poder pescar con su abuelo; Eran anhelos y sueños inocentes de un joven muchacho, quien no conocía la avaricia que provocaba el oro y ostentar grandes títulos de nobleza y “Honor”.

Su abuelo aceptó la petición del joven Darren, sin embargo, este no quiso que se acercara a la forja, temía que se lastimara con ella, por eso el trabajo que le encomendó era sencillo para un niño de su edad, entregar accesorios pequeños en el pueblo.

Su vida aunque en su mayoría serena, hubo momentos de tensión en su familia, por los mismos perjuicios que la nobleza y sus afiliados le provocaba, por culpa de estos, su abuelo quien solo vivía de su trabajo en la forja, casi pierde todo por malos tratos con ellos, en ese punto, fue cuando un desagrado hacía todo tipo de nobleza comenzó a crecer en el interior del joven Darren. Aun a su corta edad no podía entender el trato que estos le daban a su familia y sobre todo, a su abuelo, en su ingenuidad se había creado la idea de tales noble, seres quienes solo se aprovechaban de la gente y sin valores los cuales respetar.

Luego de tales acontecimientos, su familia se comenzaba a recuperar nuevamente, pero no todo fue desgracia, pues a su madre, quien había intentado convertirse en una estudiante de la magia en Daralan, gracias a su insistencia y estudios pudiese ser admitida, como una iniciada en la magia.

Gracias a que su madre, Darren pudo ser mejor educado con los libros que ella lograba traer prestados de Dalaran.
El sobre todas las cosas, amaba su familiar; A su madre, que a pesar de sus largos estudios, lograba darle un tiempo cada día, con tal de que se mantenga bien. Su padre, quien le adiestro a luchar con una espada de madera, con tal que se sepa defender de quienes quieran lastimarlo, le enseñó que tendría que soportar muchas cosas a lo largo de su vida, lo único que deseaba era que su hijo fuera fuerte, por todas estas cosas, Darren los idolatraba y en su razón, sabía que en algún momento, él debía darle un alto a los abusos de los nobles hacia su familia.


Sus tiempos de tranquilidad habían regresado nuevamente y aunque todo parecía sereno, una tormenta se desataría en los años venideros, pues nada puede estar estático por mucho tiempo, todo recibe cambios, para bien o para mal.



II





Luego de un tiempo su padre se encontraba en las costas de Lordaeron, cuando todo inicio una plaga de no-muertos surgió en el norte, pero nadie sabía el por qué, con temor se apresuró a volver a su hogar al sur ya que sentía muy dentro de él que algo terrible ocurriría, había visto a la enfermedad hacer un efecto devastador.

Mientras su padre estaba de regreso hacia el sur, ellos vivían una situación tensa en su hogar, porque su abuelo quien ya la edad por fin le había alcanzado, se encontraba retirando sus herramientas de la herrería del pueblo, sus viejas y callosas manos se encontraban temblorosas, lo único que anhelaba en ese instante era descansar, luego de toda una vida de trabajo.

Sin embargo, por azares del destino, un viejo noble, quien conocía perfectamente a Theon, ya que desde muy joven había tenido disputas con él, por el hecho de que pensaba fervientemente que por su culpa, uno de sus mejores caballos había muerto, cuando la realidad fue que este no supo cuidarlo bien, pues pensar que un potro podría escalar un suelo rocoso, tan solo por usar nuevas herraduras, era un pensamiento estúpido y egoísta.

Cuando ellos se encontraron a la salida de la herrería, el viejo noble tan solo se pudo reír de él, le causaba mucha gracia como el tiempo le había tratado, porque lo notaba magullado y decaído.

- Mira como te ha tratado los años Theon - Mencionó en voz alta. - sigues siendo igual de patético - Le observó con soberbia.
- ¿Abraham? - Su rostro reflejaba lo pasmado que se encontraba.

Darren al observar esto, la misma molestia que había sentido hace tanto tiempo atrás, se había intensificado en ese momento, no soportaba ver como alguien se podría burlar de su abuelo con tanto descaro, sin pensarlo dos veces, tomó una piedra y la lanzó a la ropa del noble.

Sintió la piedra caer en sus piernas, tras golpear su rostro, este le había herido su mejilla, ya que la piedra tenía una parte cortante en un extremo, le había causado mucho dolor, sin embargo al ver caer un poco de sangre, una furia creció dentro de él, un acto de vulgaridad e infamia sin dudas.

- ¿¡Quien se ha atrevido a lanzarme esta piedra!? - Vociferó con enfado. - ¡Que se presente ahora o juro que haré encarcelar a este anciano!

Nadie había visto quien fue, pero no faltó buscar culpables, una joven figura había salido de entre la multitud se que juntaba alrededor del lugar.               

- ¡Deja en paz a mi abuelo viejo decrépito! - Exclamó.

Velozmente tomó otra piedra, esta vez intentó darle directamente a su rostro y por fortuna y desgracia logró asestar la piedra en el ojo del noble.
Rápidamente una madre preocupada y desesperada le tomó el brazo a su hijo, con tal de salir de ese lugar lo más rápido posible. En medio de toda la conmoción provocada por el joven, su abuelo aprovechó ese momento para salir de ese lugar, en el fondo de su corazón le agradecia a su nieto por ese acto de amor, no obstante sabía que ese hecho le provocaría inconvenientes más adelante.

El viejo noble se encontraba herido y lastimado, ultrajado por un mocoso sin educación, casi cae de su montura ya que no podía ver en un ojo, este se había comenzado a llenar de sangre por el corte. Rápidamente sus veladores tomaron las riendas de su caballo con fuerza y se dirigieron hacía la alcaldía del pueblo, en parte para que atiendan las heridas de su señor.

Al llegar a su hogar, su madre se encontraba alarmada por lo que pasaría después, insultar a un noble era merecedor de un castigo severo, más aún si lo lastimaban, si este lo deseaba y por la actitud de este, seguramente eso quería.

Luego de un rato tocaron su puerta y con miedo y agobio la abrió lentamente, más su mirada se alivio al ver de qué se trataba de su marido, quien había regresado luego de su viaje, este se encontraba igualmente preocupado pero no exaltado como ella, sin embargo no era por lo ocurrido recientemente, si no de una causa mayor.

Darren no sabía muy bien que pasaba, en su mente creía que había hecho algo bueno al erguir la cabeza y decirle basta a un abusador como él, se encontraba muy confundido por todo lo que ocurría, mantuvo silencio, pues no sabía qué decir o hacer en tal instante, solo tenía la certeza que protegió a su abuelo y lo defendió cuando nadie se atrevió a hacerlo. 

Se quedó observando mientras sus padres charlaban conforme pasaban los minutos, ellos mismos se tranquilizaron aun sabiendo las historias de cada uno, solo pudieron llegar a una conclusión si querían sobrevivir y salir sin un castigo por parte de ese noble, debían hacer un sacrificio y abandonar todo lo que tenía o conocían y marchar hacia el sur, donde se encontraba la ya construida Ventormenta en los lejanos Bosques del Elwynn.

Su abuelo había llegado a la casa de ellos para advertirles sobre las intenciones del noble, quien ya se encontraba de camino a ese lugar, mas no podían irse en tan poco tiempo, debían enfrentarlo si desean retirarse de su hogar y emprender el largo viaje hacia las tierras del sur.

El viejo noble había llegado junto unos veladores de las colinas, venía buscando algo y no parecía nada bueno, las intenciones de este eran inglingirle al niño un severo castigo, ya que le habría provocado una ceguera en su ojo, el dolor que sentía en ese momento fue ignorado con tal de buscar venganza. 

Su padre había salido de su hogar para afrontar a tal hombre ya que no había otra opción, solo intentar dialogar con e irse en paz, sin embargo, mientras el salía, Darren y su madre tomaban todas sus pertenencias de valor con tal de llevarlas a su carreta.

- ¿Se le ofrece algo señor? - Dijo con una tranquilidad fingida.
- ¡He venido por el chico y el anciano que vive en este casa! ¡Serán arrestados por herirme! - Dijo con indignación.
- Es un niño mi señor, hizo una estupidez y veo que es grave pero no dejaré que castigue a mi hijo, de eso me ocuparé yo.
- ¡Como te atreves a contradecirme! ¡Ese niño mal educado merece un castigo por tal acto! ¡Me ha dejado ciego de un ojo y el rostro con un gran corte!- Su rostro se encontraba rojo, pues el enfado le carcomía por dentro.

Su calma había comenzado a menguar, las palabras llenas de odio e ira le sorprendían, pero más pronto que tarde comenzaba a temer en cuál sería el castigo para su hijo y su padre o a él mismo por interponerse, no sabía muy bien cómo calmar a alguien así.

Darren se había escapado de la mirada de su madre mientras todo eso ocurría, quería observar que nada malo le ocurriera a su padre, por ello sin ser visto se había escabullido entre la maleza de los lugares aledaños a su hogar.

- ¡Ahora me dejas pasar o hare que te arresten por interponerte en mi camino!.
Una gota de sudor recorrió su cabeza ¿intentaría negociar con el? no le quedaba otra salida más que eso, con la esperanza de así calmar a tal hombre.
- Mi señor, mi familia y yo no queremos problemas, y si mi hijo lo ha insultado y lastimado entonces le pagaré lo que sea para que nos perdone - Sudor comenzaba a caer de su rostro, se encontraba algo agitado.

El viejo le observó con avaricia, en un momento su enfado irracional había mermado con las palabras del campesino que tenía enfrente, sin embargo el dolor en su rostro y ojo le recordó porque se encontraba ahí.

- ¿¡Y que podría ofrecerme un miserable granjero como tu!? No tienes ¡Nada! - Vociferó - Con que pagar esto - Señalo su rostro con sangre.
El noble tomó un paño de su abrigo, para poder limpiar la sangre que le escurría con su mejilla, en su ojo ya tenía una venda que cada vez se tenía con un color carmesí.
- Le ofrezco...- Se detuvo un segundo a pensar con más calma, pues podía ver como los veladores se le acercaban lentamente, esperando la orden del noble. Observó sus pies recordando así lo único de gran valor que tenía.- Mis tierras, mi señor.

Observó con soberbia al campesino, las tierras ante pequeñas, siempre habían dado buenas cosechas según los lugareños, su furia había menguado en ese instante, sostuvo el paño en su rostro mientras bajó del caballo con cuidado.

- Ganaste mi atención, sin embargo una tierra no hará que olvide esto, la herida quedará por siempre en mí y me ha despojado de mi visión, será mejor que ofrezcas algo más si realmente quieres mi perdón.
- Muy bien... Mi hogar de igual manera se lo ofrezco, pero con una petición, algo de oro para que mi familia y yo nos podamos marchar de este lugar - Cierta aflicción se le notaban en sus palabras, más esa granja era el trabajo de su vida junto a su esposa.
Una sonrisa creció en la boca dolorida del noble, mientras estrechaba la mano del hombre.
- Tendras el oro, pero estas tierras ya son mías, así que les recomiendo irse lo más pronto posible y espero que castigues a ese niño mal educado. 
- Así será...

Nadie se había percatado de su presencia, ya que los arbustos y árboles estaban eran bastante espesos en ese lugar, pudo oír toda la charla y mirar directamente el actuar del noble, había sentido una gran impotencia de no poder hacer nada. Deseaba poder lanzarle otra roca con tal de dejarlo ciego completamente pero sería arruinar todo el sacrificio que su padre acababa de hacer.

Cuando observo que el viejo noble se retiraba en conjunto a sus veladores, salió de las matas con tal de abrazar a su padre, ya todo había pasado sin embargo su vida no podía continuar en ese lugar y menos regresar a él luego de un tiempo, ahora su nueva vida se encontraba al sur, lejos de todo eso y de la inminente plaga del norte.




III





Luego de unos días, el viaje de su familia había comenzado hacía el sur dejando todo atrás en la búsqueda de una nueva vida y en parte huyendo de la plaga que asolaba el norte.

Las semanas pasaron mientras su viaje continuaba, no tuvieron muchos problemas durante su viaje, más unos cuantos retrasos al intentar cruzar las tierras de Garganta de Fuego por ello fueron transportado mas sus pertenencias en vuelo de grifo, gracias a los grandes grifos que yacían en forjaz hacía las tierras más allá de las montañas.

Ventormenta se podía observa hacía lo lejos y alrededor el gran bosque del Elwynn, sin dudas un lugar hermoso y fresco en el cual pudieran comenzar nuevamente su vida luego de todo lo ocurrido, solo deseaban recuperar su paz y vivir con tranquilidad en los años por venir.

Como era de esperar, todos ellos se tuvieron que registrar en la nueva capital, la cual había sido recién construida tras el asedio de los orcos hace unos años, la ciudad relucía por las nuevas piedras de los caminos, Darren se encontraba estupefacto ante la gran ciudad, era algo que jamás había visto, ya que este nunca fue a la capital del mismo Lordaeron .

Luego de una tarde registrándose ante los guardias y autoridades de la ciudad el agotamiento del largo viaje se hizo notar en ellos, decidieron darse una noche de descanso en una de las tabernas locales mientras terminaban todo el resto de trámites los cuales debían seguir para volverse ciudadanos del reino.

Sin embargo, aunque Darren se encontraba cansado, un gran sentimiento de aventura creció en él quería salir y ver la ciudad con sus propios ojos pues sería su nuevo hogar después de todo.

A la mañana siguiente emocionado salió a recorrer las calles en conjunto a su abuelo, que al igual que el se encontraba emocionado de su nueva vida antes que la muerte venga por él, sabía que encontraría un buen descanso en la ciudad luego de todo lo ocurrido. A Darren no le costó hacer nuevos amigos en las calles y comercios, ya que nunca fue alguien tímido en ese aspecto y con el jovial carácter que mantenía daba cierta confianza acercarse a él. 

Los años pasaron y con ellos las grandes catástrofes se dejaron ver en los reinos del norte, Lordaeron había ciado ante la plaga y la legión ardiente, los cuales deseaban invadir a el mundo pero gracias a los nuevos esfuerzos de los orcos y humanos, en conjunto con nuevos aliados se logró su derrota en el Monte Hyjal, mucho había cambiado desde ese entonces ya que la familia de Darren se encontraba ya establecida en Ventormenta y este era todo un hombre, el cual trabaja en el distrito de los enanos como ayudante de los herreros de ese lugar.

Sin embargo, pronto dejaría tal trabajo ya que este sería reclutado a las fuerzas militares de Ventormenta, un llamamiento a las armas había sido hecho cuando el conflicto entre la alianza y la horda había sido revivido tras varias disputas, Darren en si no le importaba mucho el conflicto contra los orcos, jamás había sido atacado por uno, pero de todos modos lucharía por el reino que lo acogió.

Ya a la edad de veintiún años este fue asignado en el distrito de los magos con tal de vigilarlo día y noche, con tal de que se mantenga la paz y no hayan mayores inconvenientes en el lugar, de esta manera Darren quedaría a cargo de ese lugar junto a sus compañeros del sector, uno pensaría que ser un guardia puede ser un mandato aburrido, sin embargo más de alguna historia puede que nos tengan que contar.
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